lunes, abril 28 |

TODO BAJO CONTROL


Dos viejos amigos se reencontraron después de algunos años, Lucía estuvo fuera del país por motivos laborales. Por esas cosas del destino se encontraron por una red social. Ella había cambiado, estaba más delgada, tenía otro corte y color de cabello, digamos que la vida la había tratado bien, por otro lado, Gabriel tenía un buen trabajo, ascendió rápidamente en la empresa, pero las últimas semanas un tema lo tenía distraído, algo que Lucía captó de inmediato. 

-         - ¿Quién es?, te conozco muy bien, cuéntame Gabo
-         -  Ella es…
-         - Debe ser muy especial para tenerte como bobo – sonrió -
-   -  Desde la primera vez que la vi entrar a la fiesta, no me la pude quitar de la cabeza, es algo inexplicable
-          Se pone interesante, cuéntame más

Así comenzó la velada, todo giró en torno a la dama desconocida de vestido azul noche que ingresó sin acompañante a la cena de trabajo hace algunos meses. Ella era perfecta, sus ojos jades lo atraparon aquella noche que estrechó su mano cuando los presentaron. Sus labios escarlata invitaban a ser probados, y él estaba ansioso por escapar de la fiesta solo con ella, lejos de toda esa multitud que solo hablaba de bolsa de valores, inversiones y convenios.

Conversaron gran parte de la cena, ella era muy inteligente, coqueta, pero solo con él, jugaba con su cabello azabache cuando él le hacía un cumplido, de esos que ella conocía de memoria, pero que fingía escuchar por primera vez, sin embargo, solo él conseguía ruborizar las mejillas melocotón de la señorita.

Salieron un par de semanas, y la atracción era inminente. En la oficina se trataban como dos compañeros de trabajo. Sin embargo, por la noche disfrutaban de su privacidad, olvidaban por completo todos los documentos y proyectos que quedaban sobre el escritorio. Ambos arquitectos planificaban lo que sería su vida en el futuro, algo que parecía precipitado para los ojos ajenos.

Después de finalizar el proyecto con Gabo, tuvo que enfocarse en un nuevo trabajo con un ingeniero, y el tiempo se limitó para la pareja; por otro lado, él tenía reuniones, viajes y capacitaciones constantes por motivo de la construcción de una nueva planta fuera de la ciudad. Esa situación fue el detonante para conocer el verdadero yo de la señorita de ojos preciosos y sonrisa encantadora.

Ivanna estaba acostumbrada a tener el control, sabía que él debía reunirse constantemente con la arquitecta contratada, algo que no le gustó. Era desconfiada, celosa, posesiva e incluso manipuladora. Lo llamaba constantemente y si no contestaba el celular imaginaba la peor escena en su cabeza. Su paciencia se agotaba, intentó controlarse para mantener la relación, pero el celular apagado, los mensajes sin contestar, las llamadas escuetas, y la poca disponibilidad de Gabo la enloquecieron.

Mientras él dormía revisó los mensajes de texto, conversaciones y últimas llamadas. Grave error de Gabriel, dejar a merced de una mujer celosa, la evidencia de su alejamiento. Ahora era ¡Madre Teresa de Calcula!, su confidente y amiga desinteresada, Mili se había convertido en el paño de lágrimas de su arquitecto. ¿Era su culpa?, ¿todo lo estaba haciendo mal nuevamente?, lo mismo sucedió con su ex, a quien no podía ver ni en pintura, eran dos desconocidos con recuerdos en común, del amor al odio hay un paso, y para ella no era nada difícil cruzar esa línea. Ella nunca se equivocaba, el resto sí.

Despertó más temprano que de costumbre y se fue a la oficina, inició sus labores diarios sin dar un solo indicio de interés a Gabo. A medio día la llamó para que almorzaran juntos, algo que ella ignoró porque tenía mucho trabajo. Ivanna era orgullosa y vanidosa y no iba a permitir que un hombre manejara sus horarios, ella merecía la prioridad, siempre fue así. Su altivez la caracterizaban, y no era difícil darse cuenta de eso una vez que la princesa sacaba las garras de bruja.

Esa situación de indiferencia se mantuvo por una semana, y un viernes al caer la noche, Gabo la llamó, había hecho la reservación en un restaurante. Ella sonrió y accedió. Se miró al espejo por última vez, siempre se preocupaba por estar arreglada y maquillada, en el fondo sabía que era una mujer atractiva y tomaba ventaja de ello cuando le convenía; y esa noche no sería la excepción.

Él estaba más cariñoso que de costumbre, atento como la primera vez, el proyecto estaba próximo a terminar y las cosas nuevamente se estabilizarían. Fue un mes muy tenso, de reclamos y discusiones que dañaron la relación. Gabriel buscaba a la mujer de quien se enamoró la primera noche, pero no la encontraba. Ivanna estaba fría e indiferente, ¿podía de la noche a la mañana cambiar sus sentimientos?, ella siempre lo hacía. Podía ser la mujer más tierna y romántica; pero solo bastaba que alguien hiriera su orgullo para convertirse en un bloque de hielo.

Ivanna lloró solo una vez por un hombre, a quien entregó todo sin límites, fue la relación más larga e intensa que tuvo, pero que dejó un gran vacío al final; y desde aquella fecha su vida dio un cambio radical, nunca más fue la chica sincera y confiada. Nadie le rompió el corazón por segunda vez. ¿Qué era de la vida de aquel muchacho?, un pobre desdichado en una relación asfixiante, y eso la hacía feliz..

La cena estuvo insípida y la conversación trivial, ella se sentía incómoda y él notó inmediatamente su actitud. Ivanna fue franca, se había aburrido de la rutina, las cosas no eran como el inicio, todo cambió, y a esa hora del partido estaba de más enumerar los motivos, porque ambos lo sabían. Siempre tuvo el control y sentir que lo podía perder en esa relación la fastidiaba, la convertía en una mujer dócil y no estaba dispuesta a serlo. No era mujer que espera con la cena lista y la casa limpia.
Ivanna era totalmente indiferente a un rompimiento, no sentía nostalgia por los recuerdos, ni añoranza por volver a ver a esa persona, y las palabras de Gabo no afectaron su ego. Superficial, orgullosa y caprichosa, eran virtudes para ella.

Se puso de pie, le dio un beso en la mejilla y se fue. Subió al taxi, y mientras el semáforo cambiaba a verde lo vio a lo lejos, ¿cuántos años pasaron?, dos, tres, había perdido la cuenta, ¿por qué justo esa noche tenía que encontrarlo?, estaba solo, bajó del auto y lo llamó, el hombre volteó y la abrazó mientras ella se mantuvo estática. Él no dejaba de sonreír mientras ella lo miraba de pies a cabeza. Era muy guapo y siempre se había mantenido en forma. Fue el único que domó ese espíritu rebelde de adolescente, el cual recuperó y reforzó años más tarde.

Caminaron hasta un parque, ella lo jaló del polo y lo besó, él le correspondió sin dudar. La lluvia caía cada vez con más fuerza y mojaban la espalda descubierta de Ivanna, el vestido poco a poco dejaba a la vista su contorneada figura. Debajo de un árbol, protegidos de la lluvia, recorrió su cuerpo como la última vez. El deseo se reflejaba en su mirada color miel, y fue en ese instante cuando ella soltó una carcajada. Inmediatamente su celular sonó, vio la imagen de Gabo en la pantalla, sonrió y contestó, estaba a una cuadra de distancia y quería conversar con ella. 

La expresión en el rostro del hombre se endureció, le pidió explicaciones, ella solo lo veía y sonreía. Segundos antes de ver el auto de Gabo, se acercó y le susurró, “tu carita de niño bonito, tus besos de cachimbo y tus caricias torpes no me prenden, la diferencia entre tú y él es abismal, no estás ni para limpiarle el auto”. Caminó hasta la pista y subió al carro.

-          ¿Con qué clase de mujer estás?
-          Estaba, o bueno... no sé – respondió, mientras miraba por la ventana -

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