miércoles, junio 29 |

COCTEL PARA DORMIR

Pese a escuchar las campanadas a lo lejos, mis pecados permanecen dormidos, no se inmutan frente al sonido imponente que a los pocos segundo se detiene, para dar lugar a una larga charla que no escucharé porque seguiré ausente, pese a que mi cuerpo continúa tendido sin sentir frío ni calor.


Sólo observo mi ventana, las cortinas danzan al ritmo del viento y el sol se despide para dar paso a la soberana de la noche. Desvío por un momento la mirada y me doy cuenta que pese a cambiar la forma, el fondo continúa igual. Si la rutina era aquella piedra en el zapato, a veces se convertía en mi aliada, pero ahora me es indiferente, está ahí pero me da la espalda.


Me detengo en la estación para esperar el tren que me lleve de regreso, pero ya no está, se fue hace mucho, soy la única sentada en aquella banca y no sé qué camino tomar. De pronto la neblina, el silbido del céfiro y la lluvia se apoderan del lugar y confunden mis sentidos. No veo con claridad la calle que debo seguir, y tampoco siento algún aroma conocido que me pueda guiar, solo escucho la sinfonía del viento que me escarapela la piel y el sabor salado de mis lágrimas mezclado con el agua me recuerdan que nada está bien.

Abro los ojos y aquí estoy, nada ha cambiado, solo fueron escasos minutos en los que pude dormir para olvidar que aún permanezco en este lugar. No importa cuántas veces trate de huir mentalmente, porque la realidad me traerá de vuelta y me abofeteará para despertarme y mirar con más claridad la mentira en la que se ha convertido toda mi vida.


El dolor de cabeza se ha intensificado y una pastilla no es suficiente, necesito más, no importa cuántas deba tomar para calmar la migraña que me tiene postrada como una enferma terminal. Ahora necesito descansar, pero el tiempo se hará eterno hasta conseguir calmarlo, y por lo tanto agrego al coctel de pastillas un par más para dormir, pero apuesto por adicionar otras dos más para asegurarme un efecto rápido.

La música es relajante y me acompañará en este camino al silencio total. Ahora me siento mejor, ya todos los sonidos se escuchan lejanos y cada minuto que pasa son mucho más distantes, incluso el timbre del celular se acopla a la melodía que escucho en ese momento que me es difícil identificar.


Sonrío porque al fin conseguí que mi mente quede en blanco. No sé por cuánto tiempo, ojala que sea para siempre.
viernes, junio 24 |

FIN DE SEMANA

Ella: ¡Se terminó!, estoy cansada de la misma situación todo el tiempo
Él: ¡Ahora yo tengo la culpa!, todo lo que digo te parece mal
Ella: ¡Necesito mi espacio!. He tratado de explicártelo pero no entiendes o no quieres entender.
Él: No nos vemos todo el día y dices que no te doy espacio. ¡Por favor!, solo son pretextos para terminar. ¿Por qué no lo aceptas?
Ella: No se trata de pretextos sino de ti, llamadas a cada instante, mensajes a cada minuto y si tengo alguna reunión te pones en un plan de enamorado celoso y controlador. ¡Basta!.
Él: O sea, preocuparme por ti me convierte en un desesperado por saber cómo te va o qué haces. Y acaso no tengo motivos para ponerme celoso si ese tal Augusto te come con la mirada.
Ella: No inventes cosas que no existen, es un compañero de trabajo y tengo que verlo todos los días porque trabajamos en un proyecto. ¿Qué esperabas? ¿Qué coordinemos vía facebook?
Él: ¡No lo tomes a la broma porque no estoy jugando!.
Ella: ¡Yo tampoco!, ¿lo ves?, discutimos todo el tiempo y las cosas no pueden seguir así, nos hacemos más daño cada vez que peleamos.
Él: Te amo y no quiero perderte, prometo que todo va a cambiar.
Ella: He perdido la cuenta de esa frase y lo mejor será dejar todo hasta aquí. No quiero que pienses que hay otra persona en mi vida porque no es así. Solo necesito estar sola.
Él: ¡Por favor!, estás llevando todo está muy lejos. Podemos solucionar nuestras diferencias, ¿por qué tomas el camino más fácil?
Ella: ¿Crees que la decisión que he tomado es fácil?. Te equivocas… no tienes la mínima idea de la que significa terminar con nuestra relación.
Él: No parece que te importara mucho.
Ella: ¡Es suficiente!. Espero que reflexiones y te des cuenta de la realidad de las cosas. Adiós.

Andrea estaba aburrida de la rutina, su relación se había tornado monótona y él ya no la sorprendía con aquellos detalles que empleó para conquistarla, es por eso que necesitaba respirar y retomar su vida de soltera. Y qué mejor que tomar un merecido fin de semana lejos de todo y todos, buscaba estar sola y una excelente alternativa la tenía en bandeja de plata.



Llegó a la playa, un oasis en el desierto de su vida, el hotel tenía una excelente vista al mar y la comida y habitación eran de primera clase pese a no ser el hospedaje más lujoso del pueblo. Dejó sus cosas y se dirigió con rumbo incierto, solo se dejaba guiar por sus pies. Llegó a un lugar apartado y se echó sobre la arena, miró el impecable cielo azul y se quedó dormida.
Pasados algunos minutos una fuerte risa la despertó, se trataba de una pareja joven, ella corría y él la alcanzaba para abrazarla y caer juntos en la arena, ya tendidos sobre ésta, le acomodaba el cabello y se fundían en un prolongado beso. Al ver este tierno cuadro, efímeramente recordó los mejores momentos de su relación y sintió un poco de envidia, suspiró, cogió sus cosas y se fue del lugar.




Caminó un poco hasta llegar a un establecimiento donde vendían helados, se sentó y tarareó la canción que en ese momento escuchaba por la emisora mientras esperaba su pedido. Luego de algunos minutos llegó “la parejita melosa” como le puso ella. La chica se acomodaba el pareo y el joven se acercó a pedir un par de helados, él volteaba para sonreírle y la muchacha le correspondía. Ambos parecían vivir en un mundo donde el resto no existía.




Andrea trató de cambiar el rumbo de sus pensamientos para evitar recordar los mejores pasajes con su ex. Pagó y se fue del lugar con dirección al hotel donde tomó un refrescante baño y después caminó por el pueblo para comprar algo que le llamara la atención. Sus ojos se posaron sobre un vestido tejido blanco, se sintió muy fresca al probárselo y decidió usarlo esa noche que esperaba sea inolvidable. El ambiente cálido y las caras anónimas la hacían sentirse cómoda y segura porque nadie la conocía. Caminó algunas cuadras más y compró un par de botellas de agua mineral.



Regresó al hotel y se dio con la sorpresa de ver solo al encantador joven, tenía sus maletas y pedía una habitación, pudo percatarse que el celular sonaba pero él no contestaba. Mientras proporcionaba sus datos, ella tomó la llave de su habitación y se dirigió a ésta. Al poco tiempo escuchó que alguien entraba al cuarto contiguo. Se preguntó por algunos segundos ¿qué habría pasado?, pero el sueño la venció. Tomó una larga siesta hasta que la noche le dio la bienvenida.




Se arregló y salió a tomar un trago. Mientras escuchaba buena música un chico muy atractivo se acercó, ambos instantáneamente congeniaron y bailaron un par de horas. Ella estaba muy animada porque se divertía como hace mucho no lo había hecho, se sentía libre y no tenía que rendir cuentas a nadie.




El joven se fue al baño y ella a los pocos minutos hizo lo mismo para sorprenderlo en la puerta y continuar con su noche divertida, pero se quedó pasmada al verlo inhalar un polvo blanco. Se dio media vuelta y abandonó el lugar, felizmente en sus escasos segundos de lucidez se dio cuenta de lo que estaba haciendo.




Se sacó las sandalias y caminó a orilla de playa hasta llegar al hotel, subió las escaleras y en el pasillo lo vio, aquel chico fumaba un cigarro y tomaba una pequeña botella de cerveza. No quiso interrumpir y entró sigilosamente a su habitación. En ese preciso instante el joven lanzó una pregunta al aire.
- ¿Por qué son así?
- ¿Disculpa?
- Cuando uno se preocupa más por ustedes nos mandan al diablo
- ¿Por qué dices eso?
- Definitivamente ¿quién las entiende?. No sé qué es lo quieren
- Soy la menos indicada para responder esa pregunta
- Lo que creí sería el mejor fin de semana se convirtió en el peor. Ojalá fuera tan fácil como decir borrón y cuenta nueva
- No sé qué decirte… pero intenta despejar tu mente, ¿por qué no vas a la fiesta en la playa? No está nada mal
- ¿Si está tan buena como dices por qué estás aquí?
- Porque estoy cansada
- No sabes mentir
- La verdad es que no me sentía cómoda y me retiré
- Te sentías sola, por eso regresaste
- El que está solo eres tú
- Tienes razón, ambos estamos solos. Para mí sería muy fácil ir a la fiesta y agarrarme a cualquier flaca pero sería lo más estúpido en estas circunstancias.
- Eso dices ahora, pero todos tarde o temprano terminan cayendo
- Tú lo has dicho: tarde o temprano todos terminamos cayendo, olvidaste incluirte.
- Me refería a ustedes, los hombres
- Interesante concepto general el que tienes de nosotros, súper directa, no eres de las que se dejan conmover por un hombre solo, triste y abandonado
- No soy de las que se dejan convencer fácilmente
- ¿No crees que es muy temprano para irse a dormir?
- Algo…
- Si te animas a tomar un trago con un tipo que no tiene la mínima intensión de ligarse a una desconocida usando como excusa el rompimiento con su ex, estaré en el bar del hotel. De lo contrario si no te vuelvo a ver, suerte en todo.
- Gracias, lo tendré en cuenta



Andrea entró a su habitación y escuchó pasos que se alejaban del pasadizo. Se recostó sobre su cama e intentó dormir pero aquel ofrecimiento la despertaba una y otra vez. Después de quince minutos decidió aceptar la invitación.




Bajó al bar, miró a todos lados y no lo encontró, esto la molestó un poco. De pronto escuchó la voz del mesero pidiendo un whisky para el joven que se encontraba en la piscina. A lo lejos lo observó recostado sobre una silla bajo la luz de la luna, caminó algunos pasos y sentó en la silla de al lado.
- Veo que te animaste
- Así parece




Conversaron amenamente, ninguno de los dos mencionó a su ex porque estropearía esa mágica noche que recién comenzaba. Tragos iban y venían y el bloque de hielo se fue derritiendo poco a poco. Ya no eran dos desconocidos, sino dos solteros algo decepcionados del amor que esperaban encontrar a alguien que pudiera llenar ese vacío que temporalmente sentían. Estaban propensos a caer frente a una sutil caricia o un inocente roce de labios. Ninguno de los dos aceptaba que la atracción que sentían era mutua y que el deseo con el transcurso de las horas se incrementaba.




Faltaba poco para que amanezca y Andrea se levantó de la silla para retirarse a su habitación pero su peso la venció y cayó encima de David. Ambos rieron por lo sucedido y él la ayudó a ponerse de pié para acompañarla a su cuarto porque se podía tropezar subiendo las escaleras. Pidieron sus respectivas llaves y caminaron por el oscuro pasadizo que solo era alumbrado por la luz lunar. Ella se detuvo y suspiró.
- Creo que aquí termina la velada, la pasé muy bien, no eres tan aburrido como pensé
- Y tú no eres tan frívola como imaginé
- No todos son lo que aparentan
- Tarde o temprano terminamos cayendo ¿no fue lo que dijiste?




Ella sonrió luego de escuchar el comentario que sarcásticamente hizo David, prefirió no responder porque terminaría perdiendo, solo se acercó para darle un beso de despedida en la mejilla y él jugando volteó el rostro. Ambos rozaron sus labios y sonrieron.
- No seas gracioso David, me voy
- Prometo que esta vez va en serio, no voy a voltear la cara
- No te creo
- De verdad




Nuevamente Andrea se acercó y él la abordó con un inesperado beso que terminó en la habitación de David.




Al despertar, la cabeza le daba vueltas y se sentía terriblemente cansada, miró la hora y se alarmó porque quedaba poco tiempo para tomar el bus que la llevaría de regreso a la ciudad, pero la más grande sorpresa se la llevó al verlo a su lado. De pronto todos los recuerdos de la noche anterior llenaron su cabeza de confusiones y dudas.




Se levantó de la cama, se vistió y salió en silencio del cuarto, miró por el pasillo pero no había nadie, así que rápidamente entró a su habitación, tomó un baño y salió a comer algo. Necesitaba pensar sobre lo sucedido, fue algo tan inesperado que hasta el momento no salía del shock.




Caminó por tiempo indefinido hasta acomodar cada uno de los recuerdos en orden cronológico. De pronto algo la dejó fría, muda, con ganas de ser tragada por el mar.
David caminaba muy feliz con la misma chica del día anterior, él tenía la misma actitud tierna y dulce con la que se suponía era su ex enamorada, ella pasó por su lado, para ver su reacción, pero él ni se inmutó con la presencia de Andrea. La trató como a una extraña, ni siquiera la miró. Se fue a su cuarto y alistó todas sus cosas porque faltaba una hora para que salga el bus.




Cuando ya tenía todo listo, salió de la habitación y entregó la llave al chico de recepción, y al voltear lo vio, él se acercó a la saludarla y ella esquivamente le correspondió.
- ¿Qué te pasa Andrea?
- A mi nada, ya me voy ¿no lo ves?
- Sí me doy cuenta, pero eso ya lo sabía, lo que no entiendo es el por qué de tu actitud
- ¿Mi actitud? Por qué primero no evalúas la tuya
- ¿Disculpa? Si mal no recuerdo la que salió en punta de pies fuiste tú
- ¿Por qué no vas a ver a tu enamorada? Debe estar esperándote
- ¿Mi enamorada? ¿Te has golpeado en la cabeza hoy día porque no entiendo nada?
- Ahora te dio amnesia
- ¡Espera! Ya me cansé de este jueguito, ¿qué demonios te sucede?
- Ya me tengo que ir
- ¡No! Antes quiero que me expliques
- Sé que lo sucedido anoche no tuvo importancia alguna para ti y bueno tampoco para mí, pero hubieras sido claro conmigo desde un inicio.
- ¿Cómo dices? ¿No significó nada?
Ambos quedaron en silencio hasta que una voz interrumpió la incómoda situación.
- David te estuve llamando pero tu celular estaba apagado, más tarde iremos a una playa que está a 10 minutos de aquí.
Andrea quedó estupefacta, ellos eran dos gotas de agua, idénticos. Ahora entendía el por qué de la terrible confusión y de lo estúpida que había sido.
- Veo que tienes una amiga, por qué no la llevas también, estaré en el hotel del frente con Melisa, ahí te esperamos
- Dentro de un rato voy
Andrea quería hacer un hoyo en la tierra y meterse ahí, pero era imposible, solo quedaba afrontar ese momento.
- Disculpa… mal interpreté todo
- Viste a Renato con su enamorada y pensaste que era yo ¿cierto?
- Sí… me siento terrible por lo que dije, por cómo te traté. No encuentro las palabras para arreglar todo esto, traspasé la línea
- Sí, tienes razón me hiciste quedar como un mentiroso, nadie me había tratado de esa manera tan brusca, he recibido golpes muy fuertes, pero tus palabras los superan de forma abismal
- Me voy, no tengo nada que hacer aquí, la fregué
- ¿Significó algo para ti lo que pasó anoche? ¿Sí o no?
- Sí
- Entonces… ¿podrás posponer tu pasaje para más tarde?