viernes, junio 27 |

LA CARTA



Habían discutido nuevamente y como la mayoría de las noches durmieron separados, ella en la habitación, y él en el sofá. Andrea concilió el sueño con más facilidad; sin embargo, Thiago no dejaba de pensar en lo que sucedía en su relación. ¿Ya no estaba enamorada?, ¿había otra persona?, ¿quería cansarlo para que él termine con ella?, miles de preguntas transitaban por su cabeza, sin llegar a una respuesta que lo convenciera de que todo volvería a la normalidad.

Casi había amanecido, y él no podía dormir, arrancó un pedazo de papel y comenzó a escribir. Por la mañana Andrea despertó, volteó para darle los buenos días a Thiago, pero solo encontró una carta breve que decía:

No me gusta cuando…
No dejas el celular cuando estamos conversando
A veces no das señales de vida durante todo el día
Prefieres una salida divertida con sus amigos que una cena para los dos
Cambias con frecuencia de ánimo y dices que nada sucede
No le dedicas tiempo a nuestra relación
Te tardas en arreglar para salir
Me celas por nada
Siempre quieres tener la razón

Pero entiendo que…
Recibes constantes llamadas y mensajes de la oficina
Te concentras más del 100% cuando estás trabajando
Necesitas dosis de diversión con tus amigos
Esperas que descifre lo que te sucede, y trato de hacerlo, créeme
Siempre te ha gustado verte preciosa cuando salimos
A veces sueles ser insegura y desconfiada por tu pasado
Eres hija única y te han consentido demasiado en tus caprichos

Lo que no entiendo y pasaré por alto, es que no le dediques tiempo a nuestra relación.

Se quedó pensativa por algunos minutos, miró el reloj y aún tenía tiempo para escribirle algo. Preparó una taza de café y se sentó en el mueble. El invierno le estremecía el cuerpo, ¿o eran el efecto de las crudas palabras de Thiago? Tomó un sorbo de su elixir matutino y comenzó.

Recuerdas cuando…
Tuviste ese ascenso que buscaste por años y me fui sola de vacaciones
Dejé de frecuentar a mis amigos porque a ti no te gustaba
Prometías que solo serían un par de copas con tus amigos, sin embargo, la cena terminaba fría y las velas derretidas
Recibías mensajes de madrugada y jamás te pregunté quién era
Te daba miles de detalles, canciones, tarjetas, regalos y solo recibía un gracias
Me dijiste que un poco de maquillaje no me vendría mal para la próxima salida
Te llamaba durante todo el día y decías que el celular estaba cargando
Para nuestro aniversario me dijiste que había prioridades laborales y nadie podía reemplazarte
Me dijiste que no eras de aquellos que dan su brazo a torcer
Preparé una noche romántica para los dos y faltando una hora me cancelaste, por ese motivo que aún no olvido

Aprendí gracias a ti, que una persona siempre necesita de su espacio y si es amplio mucho mejor, que los detalles son pérdida de tiempo, que el trabajo es prioridad y que los amigos son más importantes que una pareja.

Fue paciente por varios meses y jamás dudé de tus sentimientos. Espero que hayas aprendido la lección durante estas semanas. Te lo dije muchas veces e incluso me viste llorar pero no cambiabas de actitud, así que menos teoría y más práctica, ahora sabes lo mal que me sentí. No es venganza, es solo un baldazo de agua fría para que reacciones.

No tienes idea lo difícil que fue para mí ser indiferente estos días. Preferir salir con mis amigos y permanecer lejos de casa, cuando en realidad solo quería estar contigo tirados en el mueble, viendo una película, preparando el menú para la cena o discutiendo por el canal de cable.
Te espero temprano esta noche porque tengo una sorpresa para ti.

PD: Sabes que el texto subrayado no es cierto.

jueves, junio 19 |

JUEGO DE NAIPES



El avión estaba por salir, a una hora de la despedida, ella no quería irse y él deseaba que el tiempo se dilatara, pero el pasaje que estaba sobre el tocador no era muy alentador. Él le dijo: ¡te tengo una sorpresa!, ella volteó y lo miró asombrada. No podía descifrar lo que tramaban esos ojos traviesos. 

Sacó de su cajón un mazo de naipes, las barajó y las puso sobre la cama, inmediatamente le pidió que partiera en cuatro y las distribuyera siguiendo sus indicaciones. La joven no dudó en hacerlo, todo era muy interesante e inusual.

Pasados algunos minutos, volteó cada carta del grupo y se dio con la sorpresa de los mensajes en el As de corazón, espada, diamante y trébol. ¿Casualidad?, ¿magia?, ¿cómo lo hizo?, secreto que jamás le contó, solo sonreía tímidamente.

Pero eso no fue todo, él creía en las almas gemelas, decía que dos personas estaban predestinadas a estar juntas pese a la distancia, el tiempo y las dificultades. Le pidió que escogiera una carta pero que no se la enseñe, el comenzó a pasar carta por carta hasta que ella le pidiera que se detenga, en ese momento él escogería su carta. 

Al mostrar sus cartas, grande fue la sorpresa, As de corazones y As de diamantes, lo mismo se repitió en un par de ocasiones más. El juego consistía en encontrar cartas del mismo número corazones y diamantes o tréboles y espadas. Si ambas personas coincidían significaba que eran almas gemelas. ¿Será cierto?, ella no creía en supersticiones o cosas de ese tipo, sin embargo era mucha coincidencia.

Miró el reloj, estaba sobre la hora. Subieron al auto y se dirigieron al aeropuerto. Durante el camino ninguno de los dos dijo algo. Había sido un verano inolvidable, pero debían volver a la realidad, cada uno debía continuar con su vida habitual; sin embargo se llevaban los mejores recuerdos de aquellos meses.

“Los pasajeros sírvanse abordar por la puerta de embarque número 1”. Se miraron por última vez y un prolongado beso puso puntos suspensivos a su historia. A diferencia de los argumentos de las películas con final feliz, ella no se quedó, cogió su maleta, le mandó un beso volado y se fue, aún sintiendo el sabor de un hasta pronto.
miércoles, junio 11 |

CÁLIDO INVIERNO

Llegó diez minutos antes de la hora, pidió un cappuccino y se sentó cerca a la ventana. Mientras tomaba a sorbos el café recordaba la última vez que se vieron, ¿cuánto tiempo había pasado?, ¿cuatro?, ¿cinco años?, todo fue perfecto hasta aquella noche. 

Un mensaje de texto interrumpió sus pensamientos, ya estaba por llegar, el tráfico lo había retrasado, pero dentro de poco lo tendría frente a frente.

El invierno pintaba el cielo de gris y las gotas de lluvia resbalaban sobre el vidrio. Algunas parejas caminaban por aquel viejo boulevard, el frío abrazaba con fuerza y lo más próximo a un abrigo era la cafetería de la esquina.

Sus miradas se encontraron, el tiempo se congeló y el asombro por parte de los dos fue evidente. Esa historia literalmente quedó enterrada en el pasado, sin embargo, el destino los puso nuevamente en el mismo camino.

Conversaron como si aquel incidente que marcó sus vidas no hubiera existido y poco a poco el hielo se fue quebrando. Ya no eran dos desconocidos con recuerdos en común, sino dos conocidos con una historia inconclusa.

La charla se tornaba cada vez más interesante y la invitación de una cena no se hizo de esperar. Llegaron al departamento y ella dejó su maleta en la sala, pensaba en quedarse a comer porque solo estaba de paso en la ciudad.

Había olvidado lo bueno que era en la cocina y sobre todo lo bien que la pasaban juntos. Era un chico muy divertido, tierno y tímido, combinación letal que la enamoró. No había cambiado en todos estos años. Era casi media noche, no había carruaje, caballo o zapatito de cristal, pero el príncipe estaba ahí pidiéndole sin hablar que se quede, la luz tenue del poste iluminaba su rostro, resaltando el brillo de sus ojos. Miraba las manecillas del reloj de pared, y sabía que no podía quedarse aunque una fuerza interna la impulsara a hacerlo.


El taxi la esperaba y los recuerdos de aquella noche cambiaron el rumbo de sus pensamientos. Jamás se ha arrepentido de las decisiones que tomó en su vida y no tenía por qué voltear páginas. No era la misma de hace cinco años, había cambiado desde que él la dejó partir aquella noche de mayo. Se dieron un fuerte abrazo antes de subir al auto. 

Alzó la mano para despedirse, el auto avanzó hasta la esquina donde se detuvo con el semáforo en verde, ella bajó y el carro partió. El joven sonrió y le dio el alcance, la lluvia no cesaba, por el contrario los había empapado en tan solo unos segundos. Ella lo deseaba y él también. Lo jaló de la chalina hasta tenerlo a tan solo unos centímetros de distancia...