martes, junio 29 |

LIBRE!!!!!!!!

Mi propia luz estaba opacada por la desconfianza, detenía mis pasos y en mi mente una niebla de ideas desordenadas divagaba como fantasmas en un cementerio. Todos me observaban como lobos hambrientos… me sentía su presa, me encontraba a escasos segundos de tomar una decisión, tenía dos opciones: huir o enfrentar el miedo. Recordé en milésimas de segundos que el huir es la opción más fácil, la que está a la orden del día y la que muchos escogen, pero no soy una más del montón, ¡definitivamente no!. Enfrenté el miedo, mi verdadero depredador y no quienes me observaban. Algo en mi interior me impulsaba, era una energía, una corriente eléctrica activó cada parte de mi ser. Una voz como eco interno me decía “sí puedes… no retrocedas, tienes la suficiente fuerza para hacerlo… adelante” y la seguridad se apoderó de cada paso que daba y mi cuerpo poco a poco dejó el caparazón.
Me lancé a la piscina sin saber nadar pero no me ahogué porque no me quedé estática sino que intenté salir a flote y no hundirme. Estaba segura que podría lograrlo y salir a la superficie luego de una lucha interna y respirar el triunfo.
jueves, junio 17 |

MAESTRO, GUÍA Y ÁNGEL: A MI PAPÁ CON AMOR

Y el cuento dice así.
Niña: ¡Papi porque le quitas las rueditas a la bicicleta, no podré manejar!
Papá: ¡Si puedes, no digas que no si antes no lo has intentado!. Sé que lo puedes hacer, nunca te des por vencida antes de tiempo.
La niña enojada porque todos sus amigos manejaban en el parque sus bicicletas con sus rueditas extras, se repetía a si misma que no podía. Su papá la subió a la bicicleta y le dio impulso, la primera vez cayó en el césped, pero no lloró.
Niña: ¡Viste! ¿Por qué eres malo conmigo?. Todos manejan felices y yo no puedo porque me caigo.
Papá: Inténtalo de nuevo, sé que puedes. Escúchame… nunca le hubiera quitado las rueditas si supiera que no podrías manejar.
La niña vio la expresión de sinceridad en los ojos de su padre, tomó la bicicleta y avanzó unos metros pero perdió nuevamente el equilibrio y cayó. A lo lejos sus amigos la observaban y se reían porque estaban seguros que intentaba algo imposible para su edad.
Papá: No le demuestres a ellos que puedes hacerlo, demuéstrate a ti misma que puedes lograrlo
La niña nuevamente subió a la bicicleta, su padre la acompañó los primeros metros y luego la soltó… al inicio parecía que caería, nuevamente al césped, pero la voz de su padre “sé que puedes” se repetía como un eco en su cabeza, a esa voz se acopló la de ella “si puedo”. Sin pensarlo había dado una vuelta al parque y sus amigos la miraban asombrados y la admiraban porque había hecho lo que ninguno pudo.
“Guía, quien me dio el primer impulso cuando aprendí a manejar bicicleta, luego dejó que por mi misma supiera lo que es lograr mi primera hazaña. Una sonrisa se dibujaba en su rostro mientras levantaba el brazo despidiéndose y alentándome al mismo tiempo a continuar y no detenerme jamás.”
Niña: Luego hago la tarea, que terminen los dibujitos
Papá: La historia no es tan aburrida como parece… vamos.
El papá cogió el control remoto y apagó el televisor, la niña de mala gana se dirigió al estudio sacó su libro y se lo entregó a su papá
Niña: Tengo que leer todas estas páginas pero son aburridas.
Papá: Ven hijita, siéntate a mi lado, te contaré un cuento…
“Me enseñaste a ver la historia no como el capítulo más aburrido, sino como el cuento más divertido.”
Niña: ¡Muchos números papi, me confundo! Tengo examen el viernes y la profesora es mala, dijo que nos quedaríamos en el recreo si no aprobamos el examen
Papá: ¡No es difícil! Eres una niña muy inteligente, solo necesitas practicar un poquito más
“Me enseñaste que la matemática no es una tortura sino una herramienta que me serviría toda mi vida. Recuerdo que odiaba la tabla de multiplicar, pero pacientemente dibujabas un reloj en la pizarra y en medio escribías un número. Jamás alzaste la voz, las tardes morían entre risas, errores y correcciones.”
Pasaron once años y la niña era ahora una adolescente, su padre orgulloso la veía a través del espejo mientras ella le regalaba una sonrisa y le preguntaba si el vestido azul era más bonito que el púrpura.
Papá: Eres toda una señorita… con el vestido que elijas te verás preciosa. Eres y serás mi reina.
Ella lo abrazó: “Te amo papá… gracias por ser mi maestro, mi guía… estuviste siempre a mi lado, me diste fuerzas cuando me daba por vencida. Me enseñaste el significado de luchar y dar lo mejor de mí. Me dijiste lo especial e inteligente que era. Me brindaste tu amor, tu confianza, tu apoyo. Soy cada día mejor porque tú has sido, eres y serás mi ejemplo. Nunca me cortaste las alas, dejaste que tome mis propias decisiones pero siempre diciéndome cuales eran las ventajas y desventajas de estas.
Te extrañaré cuando esté lejos porque ya no saldremos a comer helados, porque ya no leeremos juntos el periódico, porque no saldremos a correr todas las mañanas, porque no discutiremos cuando tú quieras ver las noticias y yo una película, porque ya no escucharé tus regaños cuando llegaba tarde, porque ya no me preguntarás ¿y ese quién es?, porque ya no conversaremos en la terraza todas las tardes, porque ya no te veré papá… pero siempre serás mi ángel guardián.”
FELIZ DÍA PAPÁ