miércoles, abril 30 |

CERRANDO CÍRCULOS



Capítulos inconclusos con tres puntos al final, son la esperanza para un enamorado, la reconciliación o venganza con el pasado y la oportunidad de reanudar lo que dejamos a medio construir. Millones de habitantes, millones de vidas, historias que vagan incompletas por el mundo y que tarde o temprano el viento del recuerdo voltea sus hojas justo en la última línea a medio escribir.

Hace poco conversé con una amiga que no veía hace mucho tiempo, perdimos contacto desde su mudanza. Por cinco años vivió resentida, pensando en el mal sabor que le dejó un engaño. Lo eliminó de su vida, cartas, regalos, fotografías y demás recuerdos fueron destruidos, porque ella conoce el significado de olvidar, en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, las coincidencias o destino, como algunos quieran llamarlo la pusieron frente a frente con aquel joven.

Se encontraron en uno de los tantos viajes que ella hacía. Un tímido hola dio inicio a una conversación que se prolongó hasta caer la noche, supo entonces, que había vivido creyendo en una mentira y juzgando a alguien sin darle tan solo algunos minutos para explicarle lo que en realidad sucedió. 

Dicen que todos tenemos un amor que jamás olvidaremos, y eso estaba muy claro para Gina. Tuvo una relación de diez años, anillo incluido y embarazo a la vista, pero todo se desvaneció como agua entre las manos.  El novio la dejó y jamás se hizo cargo de la niña. Seis meses después del nacimiento de su hija, se comprometió y al mes se casó con otra persona. Él era un buen hombre, la quería y respetaba, siempre estuvo enamorado de ella. 

Ahora la pequeña tiene cinco años y un hermano de dos. Su matrimonio se mantiene estable y gracias a los contactos en alta dirección de su esposo ha conseguido que el padre de su hija no pueda ascender y en el peor de los casos trabajar en las grandes compañías. Él llegó a su despacho para una entrevista y ella hizo y deshizo a su antojo: la venganza es un plato que se come frío.

Alejandro trabajó con saco y corbata detrás de un escritorio. Se limitó a seguir órdenes día a día, siempre anhelando lo que había dejado cuando era un adolescente. Una mañana despertó, recopiló todos los videos que había editado y las fotografías que tomó en cada uno de sus viajes, los colgó en Internet y envió dos cortometrajes a concurso. 

Se conformaba con su sueldo, así que decidió gastar más de lo que ganaba para verse en la obligación de buscar otro ingreso. Un par de meses después la oportunidad se presentó como asistente en un canal de televisión. Sus trabajos se incluyeron en una feria audiovisual que organizó la universidad donde él había retomado sus estudios. Alejandro brilló y encantó, dejó esa vida gris que lo hundía en un futuro nebuloso, ahora es feliz y yo también lo estoy por él.

¿Coincidencia, destino, oportunidad?, se presentan para bien o para mal. Esos círculos incompletos nos recuerdan que hay algo pendiente que debemos terminar o en el mejor de los casos continuar. ¿Cuántos círculos tengo en espera?, varios, ¿los estoy cerrando?, sí, y continuo escribiendo historias con puntos suspensivos.
martes, abril 29 |

AMOR VERDADERO

Salió tarde como siempre del restaurante, pensó que aquella noche tan especial la pasaría con el amor de su vida, pero su jefe la hizo trabajar el doble porque su compañera estaba enferma. Pasada las once de la noche se quitó el delantal y caminó cinco largas cuadras hasta llegar al viejo edificio, suspiró y subió las escaleras, sacó de su billetera la única foto que la hacía sonreír, ambos estaban en el bosque, aquel fin de semana hace un par de años fue perfecto, pasaban más tiempo juntos, pero el trabajo los había distanciado.

Caminó hasta su cuarto, él yacía profundamente dormido, lo arropó y le dio un beso. El niño abrió y los ojos y exclamó ¡mamá, llegaste, vamos a soplar la velita!, ella sonrió y lo cargó, caminó hasta la cocina y su hermana la acompañó. Sacó el pastel y colocó las cinco velitas, el pequeño estaba emocionado, sabía que su mami trabajaba hasta muy tarde y que debía quedarse con su tía, por eso trataba de quedarse despierto en la sala hasta que el sueño lo vencía.

Cantaron el típico cumpleaños feliz y Fabián aplaudió luego de pedir su deseo en voz alta: mamá quiero que estemos siempre juntos, lo abrazó y lo llenó de besos. Se puso en cuclillas y le entregó un obsequio. El niño rompió el papel de regalo y corrió feliz hasta el mueble para jugar con su nuevo carrito.

Mientras él y su tía jugaban sobre la alfombra, ella miraba la botella de vino que estaba sobre la mesa, se sintió tentada probar tan solo un sorbo, pero en tan solo unos segundos recordó el infierno que vivió por culpa del alcohol. Su hermana se disculpó por dejar la bebida abierta, había tenido visita y olvidó guardarla bajo llave. Sonrió y acudió al llamado de si hijo, él era su motivo, la fuerza que la impulsaba día a día para seguir adelante.
lunes, abril 28 |

TODO BAJO CONTROL


Dos viejos amigos se reencontraron después de algunos años, Lucía estuvo fuera del país por motivos laborales. Por esas cosas del destino se encontraron por una red social. Ella había cambiado, estaba más delgada, tenía otro corte y color de cabello, digamos que la vida la había tratado bien, por otro lado, Gabriel tenía un buen trabajo, ascendió rápidamente en la empresa, pero las últimas semanas un tema lo tenía distraído, algo que Lucía captó de inmediato. 

-         - ¿Quién es?, te conozco muy bien, cuéntame Gabo
-         -  Ella es…
-         - Debe ser muy especial para tenerte como bobo – sonrió -
-   -  Desde la primera vez que la vi entrar a la fiesta, no me la pude quitar de la cabeza, es algo inexplicable
-          Se pone interesante, cuéntame más

Así comenzó la velada, todo giró en torno a la dama desconocida de vestido azul noche que ingresó sin acompañante a la cena de trabajo hace algunos meses. Ella era perfecta, sus ojos jades lo atraparon aquella noche que estrechó su mano cuando los presentaron. Sus labios escarlata invitaban a ser probados, y él estaba ansioso por escapar de la fiesta solo con ella, lejos de toda esa multitud que solo hablaba de bolsa de valores, inversiones y convenios.

Conversaron gran parte de la cena, ella era muy inteligente, coqueta, pero solo con él, jugaba con su cabello azabache cuando él le hacía un cumplido, de esos que ella conocía de memoria, pero que fingía escuchar por primera vez, sin embargo, solo él conseguía ruborizar las mejillas melocotón de la señorita.

Salieron un par de semanas, y la atracción era inminente. En la oficina se trataban como dos compañeros de trabajo. Sin embargo, por la noche disfrutaban de su privacidad, olvidaban por completo todos los documentos y proyectos que quedaban sobre el escritorio. Ambos arquitectos planificaban lo que sería su vida en el futuro, algo que parecía precipitado para los ojos ajenos.

Después de finalizar el proyecto con Gabo, tuvo que enfocarse en un nuevo trabajo con un ingeniero, y el tiempo se limitó para la pareja; por otro lado, él tenía reuniones, viajes y capacitaciones constantes por motivo de la construcción de una nueva planta fuera de la ciudad. Esa situación fue el detonante para conocer el verdadero yo de la señorita de ojos preciosos y sonrisa encantadora.

Ivanna estaba acostumbrada a tener el control, sabía que él debía reunirse constantemente con la arquitecta contratada, algo que no le gustó. Era desconfiada, celosa, posesiva e incluso manipuladora. Lo llamaba constantemente y si no contestaba el celular imaginaba la peor escena en su cabeza. Su paciencia se agotaba, intentó controlarse para mantener la relación, pero el celular apagado, los mensajes sin contestar, las llamadas escuetas, y la poca disponibilidad de Gabo la enloquecieron.

Mientras él dormía revisó los mensajes de texto, conversaciones y últimas llamadas. Grave error de Gabriel, dejar a merced de una mujer celosa, la evidencia de su alejamiento. Ahora era ¡Madre Teresa de Calcula!, su confidente y amiga desinteresada, Mili se había convertido en el paño de lágrimas de su arquitecto. ¿Era su culpa?, ¿todo lo estaba haciendo mal nuevamente?, lo mismo sucedió con su ex, a quien no podía ver ni en pintura, eran dos desconocidos con recuerdos en común, del amor al odio hay un paso, y para ella no era nada difícil cruzar esa línea. Ella nunca se equivocaba, el resto sí.

Despertó más temprano que de costumbre y se fue a la oficina, inició sus labores diarios sin dar un solo indicio de interés a Gabo. A medio día la llamó para que almorzaran juntos, algo que ella ignoró porque tenía mucho trabajo. Ivanna era orgullosa y vanidosa y no iba a permitir que un hombre manejara sus horarios, ella merecía la prioridad, siempre fue así. Su altivez la caracterizaban, y no era difícil darse cuenta de eso una vez que la princesa sacaba las garras de bruja.

Esa situación de indiferencia se mantuvo por una semana, y un viernes al caer la noche, Gabo la llamó, había hecho la reservación en un restaurante. Ella sonrió y accedió. Se miró al espejo por última vez, siempre se preocupaba por estar arreglada y maquillada, en el fondo sabía que era una mujer atractiva y tomaba ventaja de ello cuando le convenía; y esa noche no sería la excepción.

Él estaba más cariñoso que de costumbre, atento como la primera vez, el proyecto estaba próximo a terminar y las cosas nuevamente se estabilizarían. Fue un mes muy tenso, de reclamos y discusiones que dañaron la relación. Gabriel buscaba a la mujer de quien se enamoró la primera noche, pero no la encontraba. Ivanna estaba fría e indiferente, ¿podía de la noche a la mañana cambiar sus sentimientos?, ella siempre lo hacía. Podía ser la mujer más tierna y romántica; pero solo bastaba que alguien hiriera su orgullo para convertirse en un bloque de hielo.

Ivanna lloró solo una vez por un hombre, a quien entregó todo sin límites, fue la relación más larga e intensa que tuvo, pero que dejó un gran vacío al final; y desde aquella fecha su vida dio un cambio radical, nunca más fue la chica sincera y confiada. Nadie le rompió el corazón por segunda vez. ¿Qué era de la vida de aquel muchacho?, un pobre desdichado en una relación asfixiante, y eso la hacía feliz..

La cena estuvo insípida y la conversación trivial, ella se sentía incómoda y él notó inmediatamente su actitud. Ivanna fue franca, se había aburrido de la rutina, las cosas no eran como el inicio, todo cambió, y a esa hora del partido estaba de más enumerar los motivos, porque ambos lo sabían. Siempre tuvo el control y sentir que lo podía perder en esa relación la fastidiaba, la convertía en una mujer dócil y no estaba dispuesta a serlo. No era mujer que espera con la cena lista y la casa limpia.
Ivanna era totalmente indiferente a un rompimiento, no sentía nostalgia por los recuerdos, ni añoranza por volver a ver a esa persona, y las palabras de Gabo no afectaron su ego. Superficial, orgullosa y caprichosa, eran virtudes para ella.

Se puso de pie, le dio un beso en la mejilla y se fue. Subió al taxi, y mientras el semáforo cambiaba a verde lo vio a lo lejos, ¿cuántos años pasaron?, dos, tres, había perdido la cuenta, ¿por qué justo esa noche tenía que encontrarlo?, estaba solo, bajó del auto y lo llamó, el hombre volteó y la abrazó mientras ella se mantuvo estática. Él no dejaba de sonreír mientras ella lo miraba de pies a cabeza. Era muy guapo y siempre se había mantenido en forma. Fue el único que domó ese espíritu rebelde de adolescente, el cual recuperó y reforzó años más tarde.

Caminaron hasta un parque, ella lo jaló del polo y lo besó, él le correspondió sin dudar. La lluvia caía cada vez con más fuerza y mojaban la espalda descubierta de Ivanna, el vestido poco a poco dejaba a la vista su contorneada figura. Debajo de un árbol, protegidos de la lluvia, recorrió su cuerpo como la última vez. El deseo se reflejaba en su mirada color miel, y fue en ese instante cuando ella soltó una carcajada. Inmediatamente su celular sonó, vio la imagen de Gabo en la pantalla, sonrió y contestó, estaba a una cuadra de distancia y quería conversar con ella. 

La expresión en el rostro del hombre se endureció, le pidió explicaciones, ella solo lo veía y sonreía. Segundos antes de ver el auto de Gabo, se acercó y le susurró, “tu carita de niño bonito, tus besos de cachimbo y tus caricias torpes no me prenden, la diferencia entre tú y él es abismal, no estás ni para limpiarle el auto”. Caminó hasta la pista y subió al carro.

-          ¿Con qué clase de mujer estás?
-          Estaba, o bueno... no sé – respondió, mientras miraba por la ventana -
viernes, abril 25 |

VISITA INESPERADA

Lunes de junio, llovía a cántaros, el hombre salió de la cafetería protegido por un paraguas, caminó un par de cuadras hasta llegar a una tienda, demoró unos minutos y salió con una caja pequeña que inmediatamente guardó en el bolsillo de su saco. Miró por ambos lados de la pista y cruzó la avenida, tocó el timbre pero nadie contestó, esperó impaciente hasta que una señora abrió la puerta, la saludó cordialmente y aprovechó para ingresar al condominio.

Subió por el ascensor con las ideas algo enredadas. Al llegar al cuarto piso, tropezó con un joven en el camino, lo conocía de algún lado pero no recordaba, probablemente de la universidad. Buscó el departamento que había visitado en innumerables ocasiones y tocó la puerta.

Lo recibió con una sonrisa que inmediatamente se convirtió en una línea firme. La abrazó y ella se mantuvo como una estatua, indiferente a sus emociones. Sacó de su bolsillo el pequeño presente que extendió en la mano con total timidez y la felicitó por su cumpleaños, ella solo atinó a decir gracias.

El mensaje era explícito, se sentía incómoda y quería cerrar la puerta. Él sonrió por última vez y dio media vuelta, caminó cabizbajo con dirección al ascensor. Antes de presionar el botón la puerta se abrió y nuevamente se cruzó con aquel muchacho de hace unos minutos, pero esta vez llevaba una botella de vino. La puerta se cerró justo en el momento que el joven entraba al departamento donde estuvo hace unos segundos.


Dejó que la lluvia moje su ropa, empañe sus lentes, ya nada le importaba en esos momentos, caminó sin rumbo. A lo lejos un mendigo con su perro pedía limosna, se acercó, le dejó el paraguas y subió a un taxi con dirección desconocida.
jueves, abril 24 |

FRAGANCIA AÑEJA EN LA PIEL: PARTE II

PARTE I: Agosto 2012 

¡Esos ojos! Definitivamente era él, usaba un saco negro y su perfume la sedujo como la primera vez en aquella cita a ciegas cuando tan solo era una adolescente. Se acercó, y un sutil beso en la mejilla fue capaz de erizarle la piel, en tan solo unos segundos volvió al pasado.

El ambiente estaba tenso y el alcohol aún no había hecho efecto. Ambos conversaban de temas triviales, trabajo y amigos, aún no se animaban a escarbar en el ayer, sabían que al abrir esa puerta, tendrían que responder a muchas preguntas, cerrar el círculo que dejaron en espera hace cinco años.

El anillo en su dedo era explícito y no quería saber de ella, para qué estropear el resto de la noche en un presente que no la incluía. Acarició su mano, y una descarga eléctrica recorrió su cuerpo, él sonrió y acomodó su cabello detrás de la oreja.

¿Puede el recuerdo de alguien marcar con tinta indeleble la vida de una persona? Él fue capaz de hacerlo, pero ella jamás se lo diría, porque en teoría fue uno más, una ilusión de adolescente, nada importante, de esos amores que se evaporan con el tiempo.

Deslizó su dedo sobre los labios de Lucyana, y el silencio encapsuló el momento. Había tomado tres Cosmopolitan y se sentía algo aturdida, esos ojos la hechizaban la transportaban a un viejo escenario de pantalones rasgados y zapatillas.

Se acercó y la besó cerca a los labios, ella se apartó y lo miró desconfiada. ¿Qué estaba haciendo?, en tan solo unos segundos recordó las noches de insomnio, lágrimas y vacío, algo que él jamás entendería. Se ausentó sin una despedida, solo una carta sobre el velador puso punto final a un capítulo que ella aún seguía escribiendo.

Miró su reloj, era un poco tarde y debía estar en casa para terminar sus pendientes. Él intentó detenerla pero Lucyana lo fulminó con la mirada, él no había cambiado, pese a su estado civil no le importaba entretenerse un rato en el pasado y ella no era su juguete.

El joven no insistió y solo la vio alejarse entre la multitud, Lucyana caminó hasta la puerta y pidió un taxi. Llegó al departamento y las maletas en la sala dibujaron una sonrisa en su rostro, se iluminó su mirada, él era luz, fuego, verdad, presente, amor; eran completamente diferentes, y aquel inesperado incidente quedó enterrado en el pasado, solo fue un trago amargo en una noche de copas.


miércoles, abril 23 |

PUERTAS DEL PASADO

Era una tarde cálida de otoño, Gina leía en el jardín de su casa, la novela la atrapó desde el inicio, y que
mejor que aprovechar un domingo sola en casa y dedicarse por completo a dejar volar su imaginación, pero todo dio un giro inesperado aquel martes de abril, una llamada cambió todo.

-        ¿Estás en casa?, necesito conversar contigo, tengo mucho miedo
-          ¿Qué pasa Adriana?, ¿dónde te encuentras?
-          Dentro de cinco minutos llego

La llamada de su hermana la dejó muy preocupada, es la primera vez que le habla de una manera tan seria y no imaginaba qué la podría tener tan asustada, solo le quedaba esperar.

Adriana la abrazó como si se tratara de una despedida, eso la dejó más confundida aún. Ambas se sentaron y comenzó el relato, que en parte era escalofriante, de esos que solo una película puede erizar la piel, sin embargo, en este caso, su única hermana era la protagonista.

Todo comenzó en la mañana, Adri recorría el centro comercial con una amiga, habían comprado ropa, zapatos y accesorios. Caminaron un poco más y el último stand llamó su atención, decía Mística, la curiosidad las envolvió y entraron a preguntar. La mujer tendría unos cincuenta años, el cabello oscuro, los ojos pardos y la mirada intimidante. Sobre la mesa divisó un cráneo, velas, cartas, hojas, y elementos extraños. La bruja sonrió, hizo un ademán y las invitó a ingresar. Adriana no dudó, pero su amiga muy creyente en la religión católica prefirió esperar fuera.

-          Tienes una carga negativa muy fuerte y por eso las pesadillas te atormentan cada noche, esa sombra no te dejará tranquila.
-          ¿De qué sombra me habla?
-          Dame tu mano

La mujer se quedó en silencio por algunos segundos y comenzó a hablar sin detenerse, todo lo que decía la dejó sin palabras, y poco a poco empezó a hilvanar sucesos individuales que no tenían respuestas.

-          Esa mujer jamás lo dejará, lo tiene amarrado y ha pagado bastante por ese trabajo, no es fácil deshacer lo que hizo e imagino quien fue el encargado. Desde que supo de su relación con el hombre que ella cree que le pertenece, enfureció, y está dispuesta a llegar hasta el final si tú continúas en medio. Él es un títere en sus manos, y por más que intente separarse de ella, siempre regresará porque el lazo que los une es eterno. Hay muchas lágrimas y sufrimiento en tu vida.
-          ¿Qué va a pasar con él?
-          ¿Tienes alguna su foto?
-          – sacó una fotografía de la cartera –
-          Será infeliz por mucho tiempo, ella encontrará a otro hombre, pero ya para ese entonces habrá hecho mucho daño. – La miró fijamente y preguntó- ¿has tenido fuertes dolores de cabeza, o problemas en tu familia y trabajo?
-          Hace dos semanas todo es un caos, hay muchas discusiones y…
-          Ya comenzó contigo – la interrumpió –
-          ¿Qué dice?
-          Ten cuidado, porque solo es una advertencia. Ella ha hecho un pacto con el diablo y por eso todas las noches tienes esas pesadillas terribles, en tu casa todos discuten y en el trabajo las cosas andan mal. Para esa mujer destruiste su familia y ella hará lo mismo con la tuya.

Adriana quedó asombrada por todo lo que decía la bruja, no podía ser coincidencia, ¿cómo supo lo de la mujer, el hijo y las pesadillas? Pero ella necesitaba más pruebas para estar segura de lo que decía la adivina.

-          Tienes un proyecto en mente, lo has dejado de lado pero pronto lo retomarás. Solo necesitas salir de ese círculo vicioso en el que estás metida. Todo pasa por algo, no te culpes por la pérdida, la madre naturaleza sabe por qué suceden las cosas, un niño no era la solución, solo hubiera traído más conflictos.
-          Debo irme, esto ha sido demasiado
-          Aléjate, ella es peligrosa
-          ¿Cuánto le debo señora?

Después de cancelar, salió del stand, su amiga la esperaba con muchas preguntas, pero Adriana solo quería irse a casa, se sentía mal, desorientada con deseos de volatilizarse. Necesitaba conversar con Gina, así que tomó un taxi y la llamó.

Ella no era creyente de ese tipo de arte esotérico, siempre ha creído en los hechos, lo que se puede comprobar, pero la historia de su hermana la dejó sin palabras, no era cualquier persona quien le relataba lo sucedido y eso complicaba un poco las cosas.

-          Sabes lo que pienso sobre esa relación, no hay futuro y te lo dije desde un inicio. No me quiero enfocar en lo que dijo la bruja, sino en lo que veo, y esto te lo diría cualquier otra persona, te ahogas en un vaso con agua, es necesario que pases la hoja.
-          ¡Tenemos una historia!, crees que puedo darle borrón y cuenta nueva.
-          Una historia llena de mentiras y lágrimas, ¿te conformas con tan poco?
-          Creí que me entenderías, pero veo que no.

Adriana se fue a su cuarto, dejando a Gina con la palabra en la boca. Intentó que su hermana abriera la puerta pero todo esfuerzo era en vano. Salió con dirección al centro comercial, tenía que ver a la mujer, su hermana estaba muy confundida y la conversación con la extraña la había dejado peor. Buscó el letrero hasta que dio con el stand de la adivina.

-          Usted habló con mi hermana hace un par de horas, era una chica de cabello castaño y vino con una amiga.
-          Claro que la recuerdo, está pasando por un momento complicado.
-          Y usted se lo ha complicado más con todo lo que le ha dicho, ¿de dónde ha sacado toda esa información? ¿conoce  a la mujer? Porque es la única explicación que encuentro.
-          Son muy distintas, ella tiene el carácter tan dócil, en cambio tú tienes una gran fortaleza, no dejas que accedan a ti con tanta facilidad.
-          No he venido para que me lean el presente, el futuro o lo que sea, quiero que me diga ¿por qué ha dejado así a mi hermana? ¿fue a petición de la tipa esa?
-          No la conozco, solo la vi cuando le leí la mano a tu hermana y en el momento que me enseñó la foto.

Gina no creía en la explicación de la adivina, todo era montado, sin embargo las cosas cambiaron en tan solo unos segundos.

-          Lo extrañas y guardas la pulsera en el cajón de tu velador. Sientes que te abraza cada noche, y no te equivocas, porque él está contigo. Él no se va a ir si tú no lo dejas, tienes tanta fuerza, tan grande es el deseo de que esté contigo, que él se mantiene a tu lado y no se ha ido.
-          ¿De qué habla?
-          Sabes perfectamente a lo que me refiero
-          Esto era todo, permiso

Caminó hasta llegar a casa, encontró a su hermana dormida y se fue al cuarto. La pulsera que le regaló su papá cuando era adolescente la conservaba con recelo. Su padre falleció en un accidente de tránsito y desde entonces ella no fue la misma, nunca asimiló su partida, conforme pasaban los años, se aferraba a su recuerdo. Adriana era muy pequeña cuando sucedió todo y por eso no lo extrañaba tanto.

Tomó la pulsera y se sentó en el jardín. Conversó con su papá, lloró hasta sentir pesados los ojos, la herida estaba abierta y aún sangraba. Por su mente pasaron todos los momentos que vivieron juntos. Su hermana la abrazó por la espalda, había reflexionado sobre el tema, era momento de dejar el pasado atrás, ambas tenían mucho camino por recorrer, y debían empezar por cerrar las puertas del pasado.




martes, abril 22 |

CAMINOS

La alarma sonó, aún estaba oscuro y sentía frío, tiró el celular a un lado de la cama y se arropó nuevamente, cinco minutos más, tan solo cinco minutos más. Llegó tardísimo a casa y aún le dolía un poco la cabeza. Seis de la mañana, saltó de la cama, se lavó la cara, cogió su maleta y tomó un taxi directo a la agencia, su boleto estaba programado para las 6:30am. Fue la última pasajera en subir, estaba muerta de sueño y solo quería recostarse en el asiento y llegar a su destino.

A su lado un pasajero hablaba por celular, por el dejo y la pinta parecía español. Alejandra se colocó los audífonos y cerró los ojos. Apareció en la playa, hace mucho tiempo que no soñaba con un paisaje perfecto. Caminaba por la arena, el sol era intenso, le quemaba el rostro, y poco a poco la marea avanzaba, sus pies tocaban el agua salina y lentamente caminaba con dirección al horizonte, era refrescante e incluso placentero. De pronto se encontraba lejos de la orilla y las olas ya no la acariciaban, por el contrario cada vez los golpes eran más fuertes, y en tan solo unos segundos todo quedó oscuro.

-          ¿Estás bien? – preguntó el joven -
-          Fue un mal sueño - contestó –
-          ¿Puedes contarme?
-          Estaba en la playa y de pronto me ahogaba, no podía salir, fue horrible
-          Eso tiene un significado
-          ¿Cuál es?
-     Una amiga me contó que si en tu sueño pisas la arena, predomina la razón en tu vida, pero si te mantienes en el agua son las emociones las que te dominan, claro que hay casos en los que permaneces en la orilla, en equilibrio.
-          Interesante, pueda que haya algo de cierto en eso. Por cierto ¿cómo te llamas?
-          Mateo y ¿tú?
-          Alejandra

Conversaron durante todo el viaje, y no se equivocó, sí era de nacionalidad española, madre peruana y padre madrileño, vivió un tiempo en Europa pero regresó a Perú antes que comenzara la mala situación económica. Era un chico de 30 años, divertido, entusiasta, definitivamente tenía un buen sentido del humor y gracias a Mateo el viaje fue menos aburrido.

Visitó algunas ciudades del Perú e incluso del extranjero, tenía muchas fotos en su cámara, lugares impresionantes, conocía a bastante gente y de introvertido no tenía nada, por el contrario, era un libro abierto y muy accesible para hacer amigos.

Conforme transcurrían las horas, el calor iqueño se sentía con más fuerza, guardó su polera y sacó el bloqueador. Era casi medio día, su estómago sonaba, y él se reía en su cara, eso no le hacía mucha gracia, sin embargo a los pocos segundos también terminaba riendo.

Mateo estudió psicología y se había dedicado a su profesión por un tiempo, luego se enfocó en viajar y conocer otras culturas, sin embargo eran viajes por periodos cortos, ya no era el adolescente mochilero de hace años, tenía más responsabilidades y un trabajo lo esperaba siempre. También era profesor de inglés en un instituto, lo dominaba muy bien y fue gracias al largo periodo de tiempo que estuvo en Boston. Era una caja de sorpresas, había mucho por conocer, pero ya estaban en la agencia y su guía lo esperaba, se despidieron con un hasta pronto.

Alejandra llamó a su guía, quien la estaba buscando entre la multitud, la llevó al hotel, se instaló y salió rumbo al city tour, había mucho por conocer. Todo era nuevo, gente de diferentes nacionalidades, algunos en pareja, grupo de amigos, familias, gente sola como ella, pero todos enfocados en recorrer la ciudad.

Llegaron a la Laguna la Huacachina, un oasis en medio del desierto, era el lugar perfecto para relajarse y dejar todas las preocupaciones atrás. Cuenta la leyenda que una joven llamada Huacay China se enamoró de un joven guerrero que murió en combate, lloró tanto, que sus lágrimas dieron origen a la Huacachina, y dicen que cada noche de luna llena, la mujer emerge de las aguas en forma de sirena y llora por su amado.

Todos tomaban fotos a la laguna, pero Alejandra quería encontrarse con la sirena, lástima que solo fuera una leyenda, de esas que pasan de generación en generación sin pruebas de su existencia. El paisaje era maravilloso, las palmeras recorrían la curvatura de la Huacachina, la pequeña lancha se mecía conforme avanzaba, el viento desordenaba su cabello y se llevaba viejos recuerdos. Bajó y caminó descalza, la arena ardía debajo de sus pies, escribía sobre ella frases que más tarde desaparecerían junto al céfiro.

Cachiche “Tierra de brujas”, donde leen el futuro con hojas de coca. Esos temas místicos siempre le han parecido interesantes, las famosas siete palmeras que crecieron en forma horizontal o la historia de la bruja que fue perseguida y lanzó una maldición. Dicen los lugareños que un árbol de huarango es capaz de cumplir deseos, pide y te será concedido, Alejandra sonrió y como vela de cumpleaños lanzó sus tres deseos luego de abrazar al árbol.

El sol despedía a los visitantes, cada uno regresaba a su hospedaje para descansar y recobrar energías. Alejandra tomó un baño, se puso cómoda y bajó a cenar. Pidió un pollo con espárragos en salsa borgoña y un té helado. Revisó los mensajes en su celular, para su buena suerte nada referente al trabajo, se había desconectado y eso era muy bueno.

Estaba muy atenta en los mensajes de texto, hasta que el mozo le entregó un pedazo de papel con un mensaje: “No olvides caminar siempre en la orilla”, dejó el celular y lo buscó con la mirada y se llevó una gran sorpresa cuando cruzaron miradas, estaba hospedado en el mismo hotel y no lo sabía.

-          De todos los hoteles, te encuentro aquí, casualidad de 1/100
-          Así parece, no creo que me hayas seguido – sonrió la joven –
-          ¿Tengo cara de acosador?
-          Let me see…
-          Con esa expresión me dijiste todo – soltó una carcajada –
-          Es una broma

Mientras ella paseaba en la laguna, él estuvo en los carros tubulares y haciendo sandboard. Cada uno se divertía a su manera, aprovecharon al máximo lo que quedaba de la tarde y por la noche si aún tenían energías podían visitar alguno de los bares de la ciudad o quedarse en el hotel y pedir algo.

-          ¿Cómo te animaste a viajar sola?
-      Tenía pensado venir con unas amigas pero una tenía que trabajar y la otra tuvo una operación y estaba en reposo; en conclusión busqué un tour, alisté maletas y me vine.
-          No sé… pero me da la impresión que no eres el tipo de chica que viajaría sola.
-          Uy… el psicólogo me comenzó a analizar – sonrió –
-          No… Alejandra, no me malinterpretes, solo que…
-          Algunas personas se han asombrado porque no es algo que usualmente haga, pero siempre es bueno cambiar de rutina – lo interrumpió –

La mayoría de huéspedes se fueron a sus habitaciones, solo quedaba un grupo de turistas que brindaba en la mesa del fondo. La conversación era entretenida y aún no quería irse a dormir, así que continuó la charla. La historia de Mateo era muy interesante, en algún momento escribiría sobre todo lo que le estaba contando, por el momento solo se limitó a escuchar.

Se sentía libre, toda la carga negativa que traía consigo había desaparecido, el peso de sus hombros era más liviano y todo podía verlo con más claridad, incluso aquellos ojos verdes de los cuales no se había percatado con detenimiento, tenía las mejillas coloradas por el incesante sol y el cabello color de la noche.

-          ¿Mañana que tour tienes? – preguntó Mateo –
-          Paracas y luego me voy a Nazca
-          Parece que nos volveremos a ver
-          Nos encontramos más tarde, que descanses, se te nota exhausto
-          Voy a bucear, pero si nos vemos te invito a almorzar
-          Ya veremos como estamos de tiempo, me voy a dormir, el cansancio me pasó factura

Colocó la alarma y se quedó profundamente dormida. Nuevamente la playa se proyectó en su sueño, pero esta vez no estaba sumergida completamente en el mar, caminaba y el agua llegaba casi hasta sus rodillas. Ya no se trataba de una pesadilla, la sensación del agua la relajaba y percibía el aroma salino.

Amaneció, eran las seis de la mañana, moría de sueño, quería quedarse arropada pero debía dejar todo listo porque en cualquier momento llegarían a recogerla. Bajó a desayunar algo ligero y esperó al guía.

Visitó las Islas Ballestas, la Reserva Nacional de Paracas, La Catedral, el Mirador, la playa Diablo, playa Roja, Lagunilla. Fue un día muy agitado, sin embargo, en cada trayecto las piezas desordenadas en su cabeza iban adquiriendo forma, tenía las ideas más claras. Estar en contacto con la naturaleza le permitió despejar la mente y ver todo desde otro enfoque. Hace meses, una situación la tenía irritada, algo desorientada y en cualquier momento podría perder lo poco de cordura que le quedaba, sin embargo poco a poco veía con nitidez la figura, solo necesitaba más tiempo.

Dentro de una hora saldría su bus rumbo a Nazca, compró algo para comer durante el viaje y esperó. A las siete de la noche todos los pasajeros estaban a bordo, prendió su cámara y comenzó a ver todas las fotos que había tomado hasta el momento. A los pocos minutos, un joven se sentó a su lado, no era peruano por la manera poco fluida de hablar el español con la terramoza. Le preguntó de dónde era y respondió de Francia, venía de vacaciones a Perú. Conocía muy bien sobre el proceso de la elaboración de vinos porque trabajaba en la industria vinícola en Francia, incluso le recomendó algunos nombres.

-          ¿Cuánto tiempo te quedas en Nazca?
-          Un par de días, luego visitaré Arequipa y también iré al Cusco, conocer Machu Picchu es uno de mis sueños.
-          ¿Te quedas bastante tiempo en Perú?
-          Algunas semanas, luego regreso a Francia, tengo mi familia, mi enamorada, amigos; claro que me gusta conocer la cultura de otros países, interactuar con la gente, es muy importante para mí, pero tengo a personas que me esperan.
-          Claro entiendo, siempre que se pueda es bueno cambiar de ambiente y como dices estos viajes sirven para conocer a otras personas, tradiciones, infinidad de lugares.
-          Como dice mi madre, ahora que estás joven puedes hacerlo.

Durante el viaje le comentó como preparaban el vino francés, incluían hasta cinco o más tipos de uvas, y obviamente el sabor y aroma era distinto. Alejandra se quedó con la curiosidad de probar uno de esos vinos, y lo incluyó dentro de su lista en espera de pendientes para el año. Conversaron sobre los lugares turísticos en la ciudad de las luces y le mostró algunas fotos de los destinos que había visitado.

Llegaron a la agencia y se despidieron, el hotel de Alejandra estaba en frente, cruzó la pista, se registró y tomó un refrescante baño, lo estaba pidiendo a gritos. El sueño la vencía, pero el hambre era más fuerte. Pidió cena a la habitación y prendió el televisor. Los mensajes comenzaron a llegar en fila una vez que conectó el internet inalámbrico, los contestó lo más rápido que pudo, terminó de cenar y quedó profundamente dormida, solo le quedaba un día más y pensaba aprovecharlo al máximo.

Caminaba sobre la arena, a lo lejos veía el mar, no llegaba a tocarla, escuchaba el sonido de las olas al romper en las peñas, y veías a las gaviotas desplazarse en grupo. Se sentía tranquila, a diferencia del primer sueño, podía respirar sin sentir esa presión en el pecho.

El sol la despertó por la mañana, y a los cinco minutos sonó la alarma. Era momento de dejar todo listo. El guía los llevó al aeropuerto para sobrevolar las líneas de Nazca, era algo por lo que había estado esperando desde que partió de casa. Aún faltaba una hora para su turno, así que caminó un poco, a lo lejos el francés la saludó, ella le sonrió y alzó la mano. Continuó recorriendo las instalaciones del lugar hasta que una voz conocida la llamó.

-          ¡Alejandra, nuevamente te cruzas en mi camino!
-          ¡Hola acosador!, pensé que ya te había perdido de vista
-          Parece que el destino se empeña en ponerte en cada lugar al que voy
-          Coincidencias… coincidencias
-          Marea un poco cuando la avioneta se inclina, por favor no vayas a vomitar
-          No exageres, no creo que sea para tanto

La avioneta era para cuatro pasajeros, ellos dos se sentaron atrás y la pareja de esposos adelante. Todo estaba muy bien al inicio, pero como lo dijo Mateo, Alejandra se mareó un poco. Había visto las líneas por fotos, documentales, pero jamás en vivo y directo, era asombroso, todo es distinto cuando se ve desde otra perspectiva, y ese era un claro ejemplo, de cerca jamás encontraría la forma, pero de lejos si lo podría hacer.

-          ¿Te sientes mejor? – preguntó el joven –
-          Algo, ya se me pasará
-          ¿Cuál es tu siguiente destino?
-          Aquí termina mi tour, puedo escoger cualquier otro en lo que queda del día
-          Mi grupo se va a los Acueductos y luego al Taller de artesanos, tenemos espacio, ¿te animas?
-          ¡Sí!, Let´s go…

La pasó muy bien, conoció a una pareja de ecuatorianos y dos chicas de Canadá. Se divirtió mucho, subió cerros, caminó por zonas empedradas, se deshidrató, pero al final fue un gran día. Llegaron a la ciudad y fueron a comprar algunos recuerdos en el Boulevard, visitaron la Plaza de Armas y la Catedral. Encontraron un buen restaurante y ordenaron, tenían un almuerzo pendiente.

-          ¿Hoy te vas?
-          En una hora sale el bus directo a la realidad – respondió Alejandra -
-    Pero te has divertido, quebraste la rutina, conociste gente, visitaste muchos lugares. En el fondo sientes que han pasado más de tres días ¿o me equivoco?
-          Es cierto, han sido días muy largos que jamás olvidaré
-          Yo viajo mañana
-          Y no te desanima un poco pensar que llegarás y encontrarás todo como lo dejaste
-          No… todo estará como lo dejé, pero yo volveré renovado, esa es la diferencia Alejandra
-          Palabras del psicólogo
-          Palabras de un amigo, espero que para ti las cosas sean similares

La acompañó a la agencia, y por el micrófono anunciaban la salida del bus, era momento de la despedida.

-      Recuerda que tienes una conversación pendiente en Lima, te recomiendo que lo llames cuando llegues, no dejes pasar más tiempo, tu nene te espera
-      Lo sé Ale, gracias por tus consejos, nos estamos comunicando. Tú también tienes un asunto pendiente, no dejes pasar más tiempo y sabes por qué, ya te lo expliqué.
-          Cuídate Mateo, ha sido un gusto.

Buscó su asiento, se acomodó y cerró los ojos, aún no quería pensar en el mañana. Mentalmente recordó todo lo que había sucedido los últimos tres días. Sonrió hasta que el sueño la venció.