miércoles, diciembre 12 |

MUNDOS PARALELOS


¡Está vivo!, después de mil noches maldiciendo y llorando arrodillada en esa tumba cubierta de recuerdos y flores marchitas, la verdad quebró la lápida donde supuestamente descansaba en paz.

Era una tarde dorada, tranquila, el viento danzaba y silbaba indiferente a su dolor. Vestida de negro esperaba respuestas mudas. Incompleta, con la sensación de vacío veía el anillo que tenía en el dedo.

¿Dónde estuviste?, ¿por qué te fuiste? Dejaste  congelado el reloj de mi vida. Permanecí por muchas semanas encerrada en mi tristeza, esperando despertar de una pesadilla que asfixiaba mi realidad.

Él miraba la tumba y las lágrimas resbalaban sobre su rostro, pero no daba explicaciones, su silencio la desesperaba, la enojaba. Esperó tanto tiempo para tenerlo frente a frente, sin embargo, él no daba la mínima señal de iniciar una conversación con ella. Estaba ido, como ajeno al mundo en el que ella vivía.

Respóndeme a estas dos preguntas y olvidaré todo, podremos comenzar de nuevo: ¿Me extrañaste?, ¿aún me amas?

Gabriel alzó la mirada al cielo despejado y suspiró profundamente esperando encontrar alguna respuesta a su presente incompleto. Emociones diluidas en confusión  era el trago amargo que tomaba aquella tarde.

El tono de su voz cayó al piso y ya no pudo ponerse de pié. El dolor que sentía en el pecho la superaba en peso. El final era tácito, no podía retrasar la despedida. Lo mejor era lo peor para ella. Se acercó y le dio un beso en los labios, sintió la calidez de su cuerpo cuando lo abrazó.

La oscuridad de su vestido cambió a un blanco impecable, sintió un fuerte dolor en el abdomen, bajó la mirada y una mancha de sangre se expandió rápidamente en la tela satinada, todo daba vueltas, el dolor de cabeza era insoportable y la temperatura descendía cada vez más rápido.

Los recuerdos eran piezas de rompecabezas buscando su complemento. El periodo de amnesia terminó y el choque frontal con su presente la dejó estática. El asalto en el banco, el disparo, los rostros difuminados, las voces desconocidas y los ojos tristes de Gabriel fueron las imágenes que impactaron en su memoria y la despertaron del autoengaño.

Sí, ¡él está vivo!, pero ella no.