domingo, mayo 29 |

AQUÍ... ALLÁ...

Él: Ausente presencia que embriagas mi lucidez una vez más, mientras me deleitas con la sinfonía de volátiles palabras, que el céfiro de la realidad se encargará de desvanecer…

Ella: Interminables recuerdos danzan en mi cabeza y me extienden la mano para acompañarlos con una pieza, y a estas alturas del camino solo bailaremos el vals de los mejores momentos…

Él: Observaré el calendario para recordar la fecha que puso punto final a un capítulo inconcluso, y lo mejor será ignorar al reloj que nos mira impaciente…

Ella: No te pido una sonrisa, mis ojos ya han fotografiado la casual curvatura en tus labios, para inmortalizarla y llevarla conmigo en este largo viaje…

Él: Aún no te has ido, y ya te extraño hasta dolerme el pecho…

Ella: Tengo tanto que decir y las palabras naufragan en la lucha contra las olas del tiempo…

Él: Tomemos la última copa de vino y cuando termines no hagas ruido al cerrar la puerta… aléjate en silencio para que no arruines esta noche perfecta... Un último favor… acabemos con este cálido abrazo, antes que la despedida lo enfríe…
lunes, mayo 2 |

PESADILLA

Estaba muy cansada, los párpados me pesaban, ya no distinguía las figuras en el televisor y las voces eran cada vez más lejanas, así que apagué las luces, desconecté la TV y me dispuse a dormir porque me esperaba un día largo y tenía que aprovechar las pocas horas que quedaban para descansar.


No sé cuánto tiempo paso pero comencé a sentir frío, así que tomé mi sábana y me tapé hasta el cuello. Pese a tener los ojos cerrados podía ver con claridad mi habitación y todo lo que había en ella, esto me confundió un poco porque me sentía en el límite de lo real y lo imaginario. Minutos o segundos más tarde, no lo sé… algo jaló con furia mi sábana.

Me asusté pero luché contra esa fuerza extraña que no se materializaba. De repente una presencia a mi derecha me obligaba a voltear y verla, yo me resistía a hacerlo, sólo de reojo pude ver que se trataba de una silueta negra, era como una sombra que tenía fuerza sobre mi cuerpo, no me tocaba pero yo sabía que me enfrentaba a algo desconocido.


Intenté rezar para ahuyentar al ente que en ese momento me tenía prisionera, pero me era imposible articular palabra, porque éstas se ahogaban en mi garganta, así que solo atiné a coger mi celular para usarlo como luz y espantar a esa sombra que yo había catalogado de demonio, pero mi celular pese a estar cargándose, se encontraba apagado.

Era presa de la desesperación y todo intento por escapar y pedir ayuda era en vano. Cerré los ojos y pedí fervorosamente despertar de esa pesadilla en la que me encontraba. Finalmente todo quedó en silencio, había terminado.


Abrí los ojos y todo estaba igual, los ladridos y llanto de los perros en la calle tornaban más escalofriante aquella escena que me había dejado perpleja y llena de miedo. El ambiente gélido de mi habitación me recordaba cada instante de lucha que había vivido, no sé si en sueño, o en realidad.