sábado, octubre 23 |

BAJO LA LLAVE DEL SILENCIO

Todos tenemos algo que ocultar, un secreto que llevaremos a la tumba, somos nuestro propio confidente de aquello que guardamos bajo la llave del silencio. Sin embargo muchas veces este secreto se convierte en un juez que nos condena a vivir bajo algo que no queremos; es ahí cuando aparentamos como los payasos una alegría efímera y usamos la máscara de la felicidad para evitar contestar preguntas a las que ni para nosotros mismos tenemos respuestas.
Nuestra boca es un cementerio de palabras para un secreto que mantiene vivo su espíritu y deambula como un fantasma en las noches de remordimiento. Pesadillas que nos despiertan cada noche, recordándonos que la verdad quiere salir a la superficie de una piscina que rebalsa.
Observamos la luna que brilla con tal intensidad que consigue iluminar cada rincón de nuestros recuerdos donde se encuentra algún secreto cautivo en la cárcel de las mentiras. Despiertan sentimientos y emociones que tratamos de opacar con quimeras disfrazadas de verdad. Un suspiro es el analgésico para un secreto que debe dormir, pero sigue ahí y hasta que no vea la luz del sol, será el metal que nos acompañará en nuestro camino.
jueves, octubre 14 |

INSÍPIDA FRUTA

Rutina, una amiga que regresa con las maletas llenas, insinuando que su estadía será larga. ¿Qué le puedo decir? Imposible negarme a la compañía más cercana que tengo, si no fuera por ella probablemente no sabría dónde estar y qué hacer.
Los días pasan como hojas en un calendario, los mismos rostros, lugares que reconocería con los ojos cerrados. Cada día es una ensalada de insípida fruta que debo comer porque tiene vitaminas, pero no la disfruto.
El despertador es el asesino de cada sueño… sueño del que no quisiera despertar. Las manecillas del reloj son como un eco en la iglesia, el sonido se acentúa a cada segundo que avanza y la rutina me recuerda que mi ensalada de frutas está servida. Miro a mi alrededor las cuatro paredes de mi habitación que parece aun no despertaran, un silencio sepulcral invade cada rincón, solo el sonido del chorro de agua al caer por mi rostro y el frío que invade mi cuerpo convierten en realidad este día, el sueño ha terminado.
¿Será el humo de la ciudad lo que me asfixia o la bufanda de la rutina que me recuerda que estoy viva?. Camino con rumbo fijo pero destino incierto, corro en la arena y bastan algunos minutos para sentir que me falta el aire, las energías disminuyen, caigo de rodillas porque la presión en el pecho es cada vez más fuerte y aunque quisiera gritar mi voz es amiga del silencio.
No siento el chocolate de la vida derretirse en mi boca, ni la frescura del viento rozar mi piel, el atardecer es un eclipse y el arcoíris un degradé de negro y blanco, todo es insípido e incoloro.