lunes, diciembre 15 |

CONOCIDOS DESCONOCIDOS

Era el mismo, pero estaba irreconocible, aquellos ojos dorados, debajo de esos lentes de chico nada intelectual habían perdido su brillo, y esa sonrisa que se dibujaba en su rostro cada vez que la veía, se había convertido en una mueca.

Confiaba en ella a ojos cerrados, se enamoró por primera vez, no sabe cómo, ni en qué momento se convirtió en la mujer de su vida, por quien hubiera dado lo que fuera. Pero las constantes discusiones y las supuestas traiciones derrumbaron su relación y sus planes juntos se volatilizaron.

Ha transcurrido media hora y la pila de botellas de cerveza se ha acumulado sobre la mesa. La música se mezcla con la risa de la gente, las luces multicolor matizan las paredes del bar. Tiene la mirada ida, sus amigos conversan en voz alta, pero él parece perdido en el laberinto de su pasado. De vez en cuando un ¡salud! y un choque de vasos lo regresan a la cruda realidad.

Parece un hombre fuerte, aquel que no se deja intimidar por nada y tampoco espera caerle bien a todos. Se muestra como un chico rudo, indiferente a las emociones de los demás. Presume de ser el macho alfa de la manada, pero en el fondo es un corderito asustado. Ella es la única que conoce su talón de Aquiles, podría sacarlo del bar con tan solo una mirada.

Movía el pie al compás de la música, mientras hacía aros de humo con la boca. Al otro extremo de la sala, como un ángel negro, dispuesto a llevarlo lejos de la multitud se acercó lentamente, no lo había visto, pero él reconoció su risa. Ella guardó el celular en la cartera y un escalofrío recorrió su espalda descubierta, se detuvo y miró a su alrededor. En tan solo unos segundos sus miradas se encontraron, clavó sus ojos verdes sobre los de él, la música se detuvo y los recuerdos pasaron en cámara lenta.

Una bachata acompañó el momento incómodo, él se puso de pie y ella acomodó su cabello detrás de la oreja. No pronunciaron palabra alguna, ya se habían dicho de todo hace mucho tiempo. Tatiana deslizó su índice izquierdo sobre el rostro de quien algún día fue parte de su vida. Esa barba siempre le había quedado muy bien, pero lo mejor era obviar ese comentario.

Se acercó, lo besó en la mejilla, sonrió y dio media vuelta. Él la tomó de la muñeca y le susurró un “quédate”, ella volteó y preguntó “¿para qué?, si ya sabemos en qué va a terminar, es mejor así”. Se soltó y caminó rápidamente hasta la puerta. Él la siguió hasta la calle, la tomó de la cintura con fuerza y no la dejó ir.

Su aliento a alcohol la incomodaba, pero en el fondo le gustaba tenerlo a su disposición. Sus ojos destellaban de deseo y su boca la invitaba a recordar viejos tiempos. Pero ella no estaba segura de pasar por puertas entreabiertas porque ya conocía el desenlace.

Al no ver reacción alguna la soltó y le dijo: “si quieres irte, vete, siempre has hecho lo que has querido”. Sacó un cigarro del bolsillo, lo prendió y se sentó en el filo de la vereda. Por primera vez la había dejado sin un as bajo la manga.

El timbre del celular interrumpió el momento, Tatiana contestó con un frío “estoy afuera”. A los pocos segundos un auto llegó y la recogió. Diego la vio alejarse, tiró el cigarro a la pista y entró para seguir brindando.



jueves, octubre 16 |

LOBO DISFRAZADO DE CORDERO

Tener la certeza de algo dejándonos llevar por las señales. Para muchos solo se trate de un tema subjetivo pero que deja un sabor a verdad y confiamos a tal punto, de creer sin pruebas lo que pueda sustentar nuestra intuición. Una frase, una palabra, una actitud, una mirada se convierten en el detonante para enlazar piezas de manera instantánea y llegar a una conclusión.

Escuchar a una persona hablar por horas y deducir que todo lo que dice es falso, por más que sonría, se muestre interesado e inspire confianza para el resto; una pieza no encaja, y es el punto de partida que prende la alarma: algo no está bien.

Observadora, sí, y sobre todo en los pequeños detalles, esos que para algunos pasan desapercibidos, sin embargo son muy importantes a la hora de tomar una decisión. Apresurada, descabellada, lo que fuera, pero es su intuición.

El silencio y la soledad son sus aliados. Puede dibujar un panorama distinto lejos de todo, sin ruido, sin voces ajenas, sólo su voz interior hablándole: algo aquí no está bien, caso contrario estarías tranquila, ¿o me equivoco?

Esa piedrita en el zapato le recuerda que tiene algo pendiente. Noches de insomnio recordando momentos que parecían sinceros. Pero llega ese día, sin fecha en el calendario, cuando se cae el velo y se muestra su verdadero rostro, el que algún día estuvo maquillado con mentiras.

Para ella, la confianza ha muerto, y un minuto de silencio no es suficiente. Años de sinceridad se volatilizaron, dejando un aroma a decepción. El ambiente se siente tenso, las miradas son esquivas y una conversación postergada se sirvió sobre la mesa. Un plato amargo espera impaciente.

Las maletas al pie de la puerta se despiden del pasado, de una vida matizada de risas, viajes, abrazos, besos, confesiones, discusiones, confianza, amor, verdad; ahora convertidas en banalidades. Recuerdos  retratados en fotografías guardadas en la última gaveta del escritorio. Por la ventana lo ve, ahora es un extraño alejándose, si algún día lo amó y confió en él, se equivocó, era un lobo disfrazado de cordero.
martes, septiembre 2 |

TE AMO

Despertó, la buscó entre las sábanas pero no la encontró; por el contrario, una carta dirigida para él era lo único que estaba sobre la almohada. La llamó, pero ella no se encontraba en la casa. Tomó la carta y la leyó.

“Te sorprenderá no encontrarme a tu lado, porque siempre soy la que despierta a besos, pero hoy quise hacer algo distinto, sabes que una de las cosas que me encanta hacer es sorprenderte. Y lo primero que harás es levantarte y ver los caminos de post-it según el color que hice para ti, solo sigue las flechas y lee cada mensaje…

A su mano derecha en la mesita de noche observó un post-it color verde y a su lado un frasco que llamó su atención y dibujó una sonrisa en su rostro. Se trataba de un pequeño pomo blanco con una etiqueta y un nombre peculiar: Amorxicilina, giró la tapa, y dentro encontró cápsulas con tiras de papel enrollados que contenían mensajes.

“Quiero que recuerdes lo importante que eres para mí, jamás me cansaré de decirte cada una de las frases que estás leyendo, porque cada una de ellas encierra sentimientos y emociones que solo son posibles gracias a ti, solo tú eres el motivo por el cual despierto con una sonrisa al verte a mi lado cada día…

Eligió el color amarillo de post-it, éste la llevó hasta el baño, directamente a un espejo, no entendió el mensaje, miró a todos lados, y al no encontrar nada continuó leyendo la carta.

“El chico que está frente a ti me ha hechizado en cuerpo y alma. Llegó a mi vida y le dio un giro inesperado, todo ha cambiado desde aquel día. ¿Cómo pasó?, ¿en qué momento me enamoré de él?, no lo sé. De lo único que estoy segura es de la felicidad que siento al estar a su lado, que solo espero la llegada de la noche para volverlo a ver, escuchar su voz, disfrutar de esas conversaciones que le ponen ese paréntesis después de un día agitado y desordenado. Perdernos en un abrazo prolongado, congelar el momento solo para los dos, perderme en esos ojos, que desde la primera vez que los vi, me encantaron…

El espejo reflejó aquella sonrisa traviesa que a pesar del tiempo, no ha dejado de robarle un suspiro. Continuó con otro color de post-it, los papelitos amarillos lo guiaron hasta la sala, sobre el mueble encontró un álbum de fotos de ambos, ordenados cronológicamente.

“¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos?, aquella noche de febrero. Quién diría que tan solo sería el inicio de una larga aventura, con sus altibajos, momentos buenos, malos, confusos, perfectos, inolvidables. Ahora estamos juntos, a pesar del tiempo y la distancia, nuestros sentimientos se acarician como la última vez que nos vimos. Contigo a mi lado los miedos del pasado se volatilizan, la desconfianza que algún día blindó mi corazón, ha desaparecido. Me recuesto sobre tu pecho, siento los latidos acelerados de tu corazón, me sonríes y me abrazas; no cambiaría ese momento por nada en el mundo.

Los post-it color blanco lo guiaban hasta la azotea. En el camino leyó las últimas líneas de la carta. Era su aniversario y ella consiguió sorprenderlo.

“Tenemos un largo camino por recorrer, sé que se presentarán obstáculos como en toda relación, pero el amor que sentimos es mucho más fuerte. Mis sentimientos se fortalecen cada día, te amo infinitamente, y estoy segura que tú también, ya que no solo me lo dices, sino que lo demuestras en cada momento que pasamos juntos, en cada detalle, en cada frase. Confió en ti, podría cerrar mis ojos y dejar que tú me guíes, porque sé que no me dejarás caer. Quiero caminar abrazada a tu cintura cada atardecer por la playa, recostar mi cabeza sobre tu hombro, y conversar hasta que la luna nos dé las buenas noches. Te amo… disfrutemos del desayuno”.

Llegó hasta la azotea y la vio. Ella le sonrió y lo abrazó. Se dieron un beso prolongado, de aquellos que se ven en las despedidas, pero no se trataba de una, por el contrario, era la bienvenida a su vida, un mes más juntos. Ambos se sentaron y disfrutaron de la comida. La mañana los recibía con un sol radiante, ella estaba feliz, y él también.


jueves, agosto 28 |

ALMAS GEMELAS

Caminaban tan cerca, pero su mente estaba a kilómetros de distancia. La idea de una separación la había dejado triste y a lo largo del recorrido intentó encontrar las palabras exactas para cambiar el desenlace. Él le preguntaba qué sucedida y ella solo respondía con un “estoy pensando”.

Llegaron a su casa y la acompañó hasta el cuarto, ella se sentía mal, la migraña se intensificó los últimos minutos pero eso no impidió que tuvieran aquella conversación que habían prolongado hace algunas semanas.

La sola idea de saber que podía perderlo después de todo lo que habían pasado juntos la dejó en hacke. Miró las rosas que le regaló aquella mañana y releía el mensaje escrito sobre la caja, era explícito: “Te dejaré de querer hasta que la última rosa se marchite”.
“¿Qué te pasa?, has estado muy callada todo el camino”, le dijo mientras le acariciaba el rostro. Suspiró, se puso de pié y le contestó: “¿Qué significa ese mensaje?, ¿todo se terminará después de este fin de semana?, pensé que tus sentimientos eran tan intensos como los míos”.

Cogió la caja con las rosas y se las mostró, “observa detenidamente y dime cuál crees que se marchite al final”, ella escogió una al azar y él insistió, “tienes que ser más observadora”, nuevamente miró las rosas rojas, rosadas, blancas y amarillas, pero no encontraba algo inusual, así que escogió otra. Arturo insistió y Alejandra entendió todo, se había equivocado.

Sacó la rosa que jamás se marchitaría, una artificial que él había camuflado entre las otras. El mensaje era claro, jamás la dejaría de querer.

-          Si durante todos estos años no he podido olvidarte, ¿cómo esperas que pueda hacerlo en un par de días?
-          Pensé que intentarías borrarme de tu vida por las circunstancias.
-          Has aceptado esa propuesta de trabajo, y lo entiendo, pero la distancia no va a disminuir lo que siento por ti, por eso debemos tomar una decisión ahora.
-          Nos distanciamos, nos volvimos a encontrar, nuevamente perdimos contacto y aquí estamos frente a frente, ¿será por algo?
-          ¿Tú que crees?, ¿qué sientes?, ¿qué quieres?
-          Quiero estar contigo pero tampoco puedo dejar mi futuro a la deriva
-          Lo sé, y esa es una de las cosas que me encantan de ti, sabes lo que quieres y a dónde quieres llegar, entonces… ¿qué has pensado sobre nosotros?, ¿estoy esta vez en tu futuro?
-          Cuando te imaginé cruzar esa puerta me sentí muy mal, sabía que ya nada volvería a ser igual y no quiero que se termine.

Sabían que era una situación complicada porque la distancia era inevitable, sin embargo, el sentimiento que los unía era más fuerte. Se quedaron por algunos segundos en silencio, solo se observaban, las palabras estaban de más y un abrazo prolongado tranquilizó sus corazones. El destino se había encaprichado en separarlos en muchas ocasiones, pero por ese “algo”, siempre se encontraban y sus sentimientos no habían cambiado. Seis meses parecían una eternidad, pero si en cinco años no se habían olvidado, unas cuantas semanas más, solo reafirmaban, que el amor que sentían sí era verdadero, y que a pesar del tiempo, la distancia, los errores del pasado y las personas que se cruzaron en sus vidas; siempre fueron almas gemelas.
martes, julio 1 |

TE EXTRAÑARÉ...



Cuando corra las cortinas cada mañana, porque sé, que en donde estés, lucharás por no dejar entrar la luz.

Cuando falte un plato sobre la mesa, porque eras tú quien me traía el desayuno a la cama.

Cuando no me contradigan, porque jamás me dabas la razón.

Cuando vea esas películas sin final feliz que tanto te desconciertan, pero que te terminan gustando.

Cuando escuche los gritos de un GOL, porque recordaré la emoción con la que vives cada partido.

Cuando camine en una tarde de invierno por la playa, porque eras el único que aplacaba el frío con un abrazo.

Cuando el café esté caliente, porque no he olvidado que te gustan las bebidas tibias.

Cuando  busque un lugar para cenar, porque era difícil ponernos de acuerdo.

Cuando separe las pasas del arroz con leche, porque eran tus favoritas.

Cuando me coma las aceitunas que no te gustaban y comías por compromiso.

Cuando besos extraños intenten reemplazar la ternura de los tuyos.

Cuando caricias nuevas pretendan explorar la geografía de mi cuerpo.

Extrañaré las largas conversaciones por teléfono, las fotografías con muecas sin sentido, las discusiones sin fundamento, los besos inesperados, los detalles sorpresivos...

Te extrañaré... el día que no te vuelva a ver...

viernes, junio 27 |

LA CARTA



Habían discutido nuevamente y como la mayoría de las noches durmieron separados, ella en la habitación, y él en el sofá. Andrea concilió el sueño con más facilidad; sin embargo, Thiago no dejaba de pensar en lo que sucedía en su relación. ¿Ya no estaba enamorada?, ¿había otra persona?, ¿quería cansarlo para que él termine con ella?, miles de preguntas transitaban por su cabeza, sin llegar a una respuesta que lo convenciera de que todo volvería a la normalidad.

Casi había amanecido, y él no podía dormir, arrancó un pedazo de papel y comenzó a escribir. Por la mañana Andrea despertó, volteó para darle los buenos días a Thiago, pero solo encontró una carta breve que decía:

No me gusta cuando…
No dejas el celular cuando estamos conversando
A veces no das señales de vida durante todo el día
Prefieres una salida divertida con sus amigos que una cena para los dos
Cambias con frecuencia de ánimo y dices que nada sucede
No le dedicas tiempo a nuestra relación
Te tardas en arreglar para salir
Me celas por nada
Siempre quieres tener la razón

Pero entiendo que…
Recibes constantes llamadas y mensajes de la oficina
Te concentras más del 100% cuando estás trabajando
Necesitas dosis de diversión con tus amigos
Esperas que descifre lo que te sucede, y trato de hacerlo, créeme
Siempre te ha gustado verte preciosa cuando salimos
A veces sueles ser insegura y desconfiada por tu pasado
Eres hija única y te han consentido demasiado en tus caprichos

Lo que no entiendo y pasaré por alto, es que no le dediques tiempo a nuestra relación.

Se quedó pensativa por algunos minutos, miró el reloj y aún tenía tiempo para escribirle algo. Preparó una taza de café y se sentó en el mueble. El invierno le estremecía el cuerpo, ¿o eran el efecto de las crudas palabras de Thiago? Tomó un sorbo de su elixir matutino y comenzó.

Recuerdas cuando…
Tuviste ese ascenso que buscaste por años y me fui sola de vacaciones
Dejé de frecuentar a mis amigos porque a ti no te gustaba
Prometías que solo serían un par de copas con tus amigos, sin embargo, la cena terminaba fría y las velas derretidas
Recibías mensajes de madrugada y jamás te pregunté quién era
Te daba miles de detalles, canciones, tarjetas, regalos y solo recibía un gracias
Me dijiste que un poco de maquillaje no me vendría mal para la próxima salida
Te llamaba durante todo el día y decías que el celular estaba cargando
Para nuestro aniversario me dijiste que había prioridades laborales y nadie podía reemplazarte
Me dijiste que no eras de aquellos que dan su brazo a torcer
Preparé una noche romántica para los dos y faltando una hora me cancelaste, por ese motivo que aún no olvido

Aprendí gracias a ti, que una persona siempre necesita de su espacio y si es amplio mucho mejor, que los detalles son pérdida de tiempo, que el trabajo es prioridad y que los amigos son más importantes que una pareja.

Fue paciente por varios meses y jamás dudé de tus sentimientos. Espero que hayas aprendido la lección durante estas semanas. Te lo dije muchas veces e incluso me viste llorar pero no cambiabas de actitud, así que menos teoría y más práctica, ahora sabes lo mal que me sentí. No es venganza, es solo un baldazo de agua fría para que reacciones.

No tienes idea lo difícil que fue para mí ser indiferente estos días. Preferir salir con mis amigos y permanecer lejos de casa, cuando en realidad solo quería estar contigo tirados en el mueble, viendo una película, preparando el menú para la cena o discutiendo por el canal de cable.
Te espero temprano esta noche porque tengo una sorpresa para ti.

PD: Sabes que el texto subrayado no es cierto.

jueves, junio 19 |

JUEGO DE NAIPES



El avión estaba por salir, a una hora de la despedida, ella no quería irse y él deseaba que el tiempo se dilatara, pero el pasaje que estaba sobre el tocador no era muy alentador. Él le dijo: ¡te tengo una sorpresa!, ella volteó y lo miró asombrada. No podía descifrar lo que tramaban esos ojos traviesos. 

Sacó de su cajón un mazo de naipes, las barajó y las puso sobre la cama, inmediatamente le pidió que partiera en cuatro y las distribuyera siguiendo sus indicaciones. La joven no dudó en hacerlo, todo era muy interesante e inusual.

Pasados algunos minutos, volteó cada carta del grupo y se dio con la sorpresa de los mensajes en el As de corazón, espada, diamante y trébol. ¿Casualidad?, ¿magia?, ¿cómo lo hizo?, secreto que jamás le contó, solo sonreía tímidamente.

Pero eso no fue todo, él creía en las almas gemelas, decía que dos personas estaban predestinadas a estar juntas pese a la distancia, el tiempo y las dificultades. Le pidió que escogiera una carta pero que no se la enseñe, el comenzó a pasar carta por carta hasta que ella le pidiera que se detenga, en ese momento él escogería su carta. 

Al mostrar sus cartas, grande fue la sorpresa, As de corazones y As de diamantes, lo mismo se repitió en un par de ocasiones más. El juego consistía en encontrar cartas del mismo número corazones y diamantes o tréboles y espadas. Si ambas personas coincidían significaba que eran almas gemelas. ¿Será cierto?, ella no creía en supersticiones o cosas de ese tipo, sin embargo era mucha coincidencia.

Miró el reloj, estaba sobre la hora. Subieron al auto y se dirigieron al aeropuerto. Durante el camino ninguno de los dos dijo algo. Había sido un verano inolvidable, pero debían volver a la realidad, cada uno debía continuar con su vida habitual; sin embargo se llevaban los mejores recuerdos de aquellos meses.

“Los pasajeros sírvanse abordar por la puerta de embarque número 1”. Se miraron por última vez y un prolongado beso puso puntos suspensivos a su historia. A diferencia de los argumentos de las películas con final feliz, ella no se quedó, cogió su maleta, le mandó un beso volado y se fue, aún sintiendo el sabor de un hasta pronto.
miércoles, junio 11 |

CÁLIDO INVIERNO

Llegó diez minutos antes de la hora, pidió un cappuccino y se sentó cerca a la ventana. Mientras tomaba a sorbos el café recordaba la última vez que se vieron, ¿cuánto tiempo había pasado?, ¿cuatro?, ¿cinco años?, todo fue perfecto hasta aquella noche. 

Un mensaje de texto interrumpió sus pensamientos, ya estaba por llegar, el tráfico lo había retrasado, pero dentro de poco lo tendría frente a frente.

El invierno pintaba el cielo de gris y las gotas de lluvia resbalaban sobre el vidrio. Algunas parejas caminaban por aquel viejo boulevard, el frío abrazaba con fuerza y lo más próximo a un abrigo era la cafetería de la esquina.

Sus miradas se encontraron, el tiempo se congeló y el asombro por parte de los dos fue evidente. Esa historia literalmente quedó enterrada en el pasado, sin embargo, el destino los puso nuevamente en el mismo camino.

Conversaron como si aquel incidente que marcó sus vidas no hubiera existido y poco a poco el hielo se fue quebrando. Ya no eran dos desconocidos con recuerdos en común, sino dos conocidos con una historia inconclusa.

La charla se tornaba cada vez más interesante y la invitación de una cena no se hizo de esperar. Llegaron al departamento y ella dejó su maleta en la sala, pensaba en quedarse a comer porque solo estaba de paso en la ciudad.

Había olvidado lo bueno que era en la cocina y sobre todo lo bien que la pasaban juntos. Era un chico muy divertido, tierno y tímido, combinación letal que la enamoró. No había cambiado en todos estos años. Era casi media noche, no había carruaje, caballo o zapatito de cristal, pero el príncipe estaba ahí pidiéndole sin hablar que se quede, la luz tenue del poste iluminaba su rostro, resaltando el brillo de sus ojos. Miraba las manecillas del reloj de pared, y sabía que no podía quedarse aunque una fuerza interna la impulsara a hacerlo.


El taxi la esperaba y los recuerdos de aquella noche cambiaron el rumbo de sus pensamientos. Jamás se ha arrepentido de las decisiones que tomó en su vida y no tenía por qué voltear páginas. No era la misma de hace cinco años, había cambiado desde que él la dejó partir aquella noche de mayo. Se dieron un fuerte abrazo antes de subir al auto. 

Alzó la mano para despedirse, el auto avanzó hasta la esquina donde se detuvo con el semáforo en verde, ella bajó y el carro partió. El joven sonrió y le dio el alcance, la lluvia no cesaba, por el contrario los había empapado en tan solo unos segundos. Ella lo deseaba y él también. Lo jaló de la chalina hasta tenerlo a tan solo unos centímetros de distancia...





lunes, mayo 26 |

A MI MADRE

Por la ventana un cielo gris me da la bienvenida y el tráfico citadino me recuerda lo lejos que estoy de casa. Sobre mi escritorio una fotografía cambia el rumbo de mis pensamientos. ¿Qué estará haciendo?, me pregunto mientras reclino el asiento y miro el reloj.

¿Has tomado desayuno?, no te estreses, no te olvides las llaves, ¿llevas tu casaca? La calidez y la preocupación en sus palabras se repiten como una melodía que hace mucho no escuchaba. Todos aquellos momentos transcurren como una película monócroma. Ella me conoce más que nadie, debe ser porque en el fondo nos parecemos mucho, somos de sentimientos profundos, de memoria indeleble, de sueños lejanos, amistades verdaderas y amores inolvidables.

¿Barbies?, ¿peloncitas?, ¿cocinita?, muy poco, pero si recuerdo los cuentos que me leía cada noche, las cartas a mi abuelo, que según yo redactaba usando un lenguaje gráfico. Fue así como nació mi afición por las historias, escribí mi primer relato “La pelota viajera”, mi madre me ayudó a empastarlo con una cartulina azul y a buscar las figuras para ilustrarlo.

Siempre estuvo presente en cada una de las tareas del colegio, sobretodo de los cursos que no me gustaban. Manualidades, tejido, costura era algo que jamás me llamó la atención. Sin embargo, ella plasmaba su arte en cada uno de los trabajos: una chalina, el mantel bordado en punto cruz, el alfiletero o las flores en corrospum.

Observo detenidamente el calendario, han pasado muchos años y ella no ha cambiado. Cada mañana conversa con las rosas del jardín, las acaricia mientras deja caer el agua sobre sus hojas. Los pajaritos la acompañan con su melodía matutina y ella sonríe como si ellos entendieran lo cariñosamente les dice.

¡Cómo extraño esa sonrisa!, solo ella podía matizar una mañana de invierno, ¡cómo extraño sus consejos!, solo ella podía ordenar mis ideas atropelladas, ¡cómo extraño sus regaños!, solo ella podía regresarme a tierra en tan solo unos segundos, ¡cómo extraño sus abrazos!, solo ella podía calmar mis miedos, ¡cómo la extraño!, radiante, llena de alegría, luchadora, transparente, frágil como una rosa y fuerte como un diamante.
Es primavera, luz, verdad, paciencia, amor; ella lo es todo para mí. Me enseñó a caminar y jamás me cortó las alas cuando quise volar. Siempre ha estado pendiente de cada paso que doy y me ha apoyado en mis decisiones; jamás me criticó, solo me aconsejó.

Veo asomarse el sol tímido por la ventana, parece que el invierno tendrá que esperar un poco más, al igual que la pila de pendientes sobre el escritorio. No necesito de un segundo domingo de mayo o de un trece de diciembre para decirle lo importante que es para mí y el infinito amor que siento por ella.


Cierro las cortinas, apago el ordenador y marco el número que conozco de memoria. La escucho y nuevamente se dibuja una sonrisa en mi rostro, sé que está feliz de escucharme y yo me siento como la niña de los cuentos. “Mamá estoy en camino”…
miércoles, abril 30 |

CERRANDO CÍRCULOS



Capítulos inconclusos con tres puntos al final, son la esperanza para un enamorado, la reconciliación o venganza con el pasado y la oportunidad de reanudar lo que dejamos a medio construir. Millones de habitantes, millones de vidas, historias que vagan incompletas por el mundo y que tarde o temprano el viento del recuerdo voltea sus hojas justo en la última línea a medio escribir.

Hace poco conversé con una amiga que no veía hace mucho tiempo, perdimos contacto desde su mudanza. Por cinco años vivió resentida, pensando en el mal sabor que le dejó un engaño. Lo eliminó de su vida, cartas, regalos, fotografías y demás recuerdos fueron destruidos, porque ella conoce el significado de olvidar, en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, las coincidencias o destino, como algunos quieran llamarlo la pusieron frente a frente con aquel joven.

Se encontraron en uno de los tantos viajes que ella hacía. Un tímido hola dio inicio a una conversación que se prolongó hasta caer la noche, supo entonces, que había vivido creyendo en una mentira y juzgando a alguien sin darle tan solo algunos minutos para explicarle lo que en realidad sucedió. 

Dicen que todos tenemos un amor que jamás olvidaremos, y eso estaba muy claro para Gina. Tuvo una relación de diez años, anillo incluido y embarazo a la vista, pero todo se desvaneció como agua entre las manos.  El novio la dejó y jamás se hizo cargo de la niña. Seis meses después del nacimiento de su hija, se comprometió y al mes se casó con otra persona. Él era un buen hombre, la quería y respetaba, siempre estuvo enamorado de ella. 

Ahora la pequeña tiene cinco años y un hermano de dos. Su matrimonio se mantiene estable y gracias a los contactos en alta dirección de su esposo ha conseguido que el padre de su hija no pueda ascender y en el peor de los casos trabajar en las grandes compañías. Él llegó a su despacho para una entrevista y ella hizo y deshizo a su antojo: la venganza es un plato que se come frío.

Alejandro trabajó con saco y corbata detrás de un escritorio. Se limitó a seguir órdenes día a día, siempre anhelando lo que había dejado cuando era un adolescente. Una mañana despertó, recopiló todos los videos que había editado y las fotografías que tomó en cada uno de sus viajes, los colgó en Internet y envió dos cortometrajes a concurso. 

Se conformaba con su sueldo, así que decidió gastar más de lo que ganaba para verse en la obligación de buscar otro ingreso. Un par de meses después la oportunidad se presentó como asistente en un canal de televisión. Sus trabajos se incluyeron en una feria audiovisual que organizó la universidad donde él había retomado sus estudios. Alejandro brilló y encantó, dejó esa vida gris que lo hundía en un futuro nebuloso, ahora es feliz y yo también lo estoy por él.

¿Coincidencia, destino, oportunidad?, se presentan para bien o para mal. Esos círculos incompletos nos recuerdan que hay algo pendiente que debemos terminar o en el mejor de los casos continuar. ¿Cuántos círculos tengo en espera?, varios, ¿los estoy cerrando?, sí, y continuo escribiendo historias con puntos suspensivos.