viernes, octubre 7 |

CON CARIÑO PARA ELLAS

¿Cuántas carcajadas juntas?¿tardes que se endulzaban con una riquísima torta de chocolate, o una torta tres leches?¿tragos que terminaban en largas tertulias?¿consejos y confesiones que le ganaban la partida al reloj?. El tiempo no tenía prisa, sólo nos observaba sonriente mientras intercambiábamos complejas historias, que después de un periodo indefinido cobraban vigencia como parte de un recuerdo que ahora sí entendíamos.


Me han acompañado a lo largo de mi existencia, las fechas no tienen peso sobre la balanza cuando se trata de la amistad, que no sólo se fortalece con el paso de los años, sino que se complementa con las experiencias vividas, los gratos, tristes y complejos momentos, sólo por mencionar algunos, que hemos disfrutado. He crecido junto a ustedes, no sólo físicamente, sino espiritualmente.

Caminaba en un sendero desconocido, no distinguía qué había detrás de esa neblina. Muchas veces corría, intentando alcanzar algo, que ni yo misma sabía, me cansaba, desaceleraba el paso hasta que mi agitada respiración se normalizara. Era ahí cuando me ofrecían agua y una sonrisa, una vez recuperada podía continuar con mi camino.


Y cuando la noche me sorprendía, trataba de abrigarme con el calor de mi cuerpo, pero me era insuficiente, el frío no tenía piedad y se colaba por mis poros. Perder la conciencia hubiera sido un regalo divino, pero me mantenía noctámbula dirigiéndome a una carpa, donde me ofrecieron abrigo y comida, sin hacer pregunta alguna.

Una vez recuperada, me reincorporaba a mi camino, aquel que podía ser tan ligero como la autopista, tan escarpado como una montaña, o tan difícil de dominar como las dunas. Sin embargo, en aquellos momentos en los que dejaba caer la toalla temporalmente, estaban ahí para decirme, ¡adelante, tú puedes!.


Así como aquellas rutas complejas me desviaban y nuevamente me llevaban a mi trayecto, también me mostraban el oasis, la playa, el campo, escenarios que nos reencontraban y compenetraban mucho más. Sabíamos que el eclipse no era eterno, el astro rey nuevamente se dejaría ver, y las nubes algún día se cansarían de llorar, y nos regalarían un degradé en siete colores, acompañado de un prado verde y flores multicolor.

El tiempo y la distancia pasan a un segundo plano cuando se trata de una verdadera amistad. No sólo son mis amigas, las considero hermanas, las quiero infinitamente y recuerden que mi puerta siempre se encontrará abierta, ustedes no necesitan llave para ingresar. Si los problemas se convierten en truenos una madrugada y los malos recuerdos asfixian el presente, siempre estaré para ustedes, nunca lo duden. Las quiero infinitamente amigas.