miércoles, agosto 19 |

EL ÚLTIMO BESO

Despertó un domingo pensando en la interrogante que no la dejó dormir parte de la noche, sin embargo gracias al cansancio y el silencio de su almohada pudo conciliar el sueño. Un encuentro inesperado aquella noche de verano se convirtió en el punto de partida de una historia que siempre terminaba en puntos suspensivos.

¿Por qué ese enamoró de él? Abrió las ventanas de su habitación y suspiró, caminó al balcón y tomó un sorbo de jugo. ¿Serán sus ojos pardos o esa sonrisa tierna?, o ¿fue el inesperado roce de sus manos?, ¿fue el silencio cuando sus miradas se encontraban?, ¿fueron esas largas conversaciones?, ¿fue el abrazo que congelaba el tiempo?, ¿fueron sus detalles precisos?, ¿fue ese viaje contra el reloj?, ¿fueron sus caricias traviesas?, ¿qué fue?, ¿todo? y más.

¿Qué hizo diferente? ¿Atinar en los detalles?, no, jamás adivinó, solo lo supo porque la conocía tan bien, estaba seguro de qué cosa guardaría en un cajón y qué dejaría sobre su velador. No necesitaba colocar su nombre, porque su sello personal estaba implícito en cada presente.

Una cena con luz tenue y destellos multicolores en un cielo azabache marcó la diferencia. Ella no necesitaba pedirlo, él sabía que una noche así quedaría tatuada en su memoria. En tan poco tiempo aprendió a leerla y estaba dispuesto a sorprenderla.

Pinceladas de ternura, matizaban una frase acompañada de un beso. Esa manera peculiar de ser la interesaron en conocer mucho más al chico de camisa cuadriculada y toque intelectual. Él no solo se preocupada del fondo, sino también de la forma, en cómo hacía y decía las cosas. Él convertía un paseo en la playa, una noche de luna llena, una cena en casa y una tarde de películas, en capítulos de un libro que ella no quería terminar de escribir.

Lo miraba, él sonreía y por dentro ella decía, ¡cómo no me va a encantar! Podía ser muy tierno, atento, detallista, cariñoso, pero a la vez lograba que pierda la noción del tiempo y el espacio, con caricias por debajo de la ropa y besos atrevidos sobre la geografía de su cuerpo. Sus manos conocían a la perfección su anatomía y deslizaban lentamente cada prenda, dejando a la vista su silueta desnuda.


Dejó el jugo sobre la mesa, él aún dormía y no quería despertarlo. Eran las siete de la mañana, temprano para ser domingo, podía descansar un poco más. Se recostó sobre la cama, él la sintió, le dio un beso y la abrazó. Ella sonrió tristemente y cerró los ojos… algo le decía que sería el último beso.


jueves, junio 18 |

UNA NOCHE EN EL BAR

¿Cuántas lunas han pasado desde aquella última copa en el bar de la ciudad de caminos empedrados y faroles con luz tenue? 

Como todos los fines de semana, la banda de rock tocaba a partir de las once de la noche. El lugar estaba casi repleto, la combinación de tabaco y alcohol era el único aroma que percibía en ese lugar. El barman hacia piruetas con los tragos multicolor que adornaban el antro, un poco de hielo, una cereza y quedaba listo para endulzar la noche que parecía prolongarse.

La multitud entonaba la canciones, casi gritando, la gente saltaba y brindaba, era lo típico de todas las noches, excepto ella, la chica del cabello dorado, era la primera vez que entraba al lugar por la insistencia de sus amigas, ¡vamos!, ¿qué vas hacer sola en casa?, ¡pasa la página, borrón y cuenta nueva!, eran algunas de las frases que escuchó en el taxi.

Las horas transcurrían y sus amigas ya estaban pasadas de copas, incluso se unieron a un grupo de amigos de la universidad. Camila aprovechó un descuido y salió del lugar, caminó un par de cuadras guiada por el recuerdo y llegó al viejo bar. La música de los 80´s y el aroma a incienso la invitaron a sentarse en la barra.

Pidió un trago y dejó correr el reloj. ¿Esperaba a alguien? ni ella lo sabía. Era estadísticamente imposible una segunda casualidad, lo más cercano que tendría esa noche sería una fotografía en su velador.

Tomó el segundo trago y tarareó la canción de Sting, uno de sus favoritos, por eso prefería ese bar, buena música, ambiente bohemio, cócteles agradables, solo faltaba... esa voz... lo reconoció entre la gente, ¿podía equivocarse?, no... 

"Chica del tatuaje... ha pasado mucho tiempo desde que..." Y ahí estaba, como un fantasma a su lado, se quedó helada y su corazón se aceleró, un escalofrío recorrió su espalda y le erizó la piel, o ¿sería el recuerdo de aquella noche?

- Estaba de salida, solo vine por un trago, mis amigas me esperan...
- ¿Saben que estás aquí? - preguntó el caballero - 
- Sí  
- ¿Por qué viniste sola? - se acercó y le acomodó el cabello detrás de la oreja - 
- Estaba cerca, y tú sabes que me gusta este lugar

Tenía un desorden léxico en la cabeza. Había imaginado un reencuentro similar, incluso tenía un discurso bien elaborado, sin embargo, en ese momento no sabía que decir, quería irse, pero a la vez quedarse.

- Es temprano ¿por qué no te quedas? 
- Lo siento, pero ya me voy - dijo Camila - 

Salió del lugar, hacía mucho frío y la suma de tragos en ambos bares pasaron factura. Abrió su bolso, buscó el celular y un mareo desenfocó la calle a su alrededor. Sintió unos brazos cálidos rodeando su cintura y percibió un perfume que conocía de memoria.

- Te llevo a tu casa, no creo que sea bueno que te vayas así
- No gracias, puedo tomar un taxi
- Prometo no dibujar sobre tu espalda...

Continuará...