jueves, octubre 16 |

LOBO DISFRAZADO DE CORDERO

Tener la certeza de algo dejándonos llevar por las señales. Para muchos solo se trate de un tema subjetivo pero que deja un sabor a verdad y confiamos a tal punto, de creer sin pruebas lo que pueda sustentar nuestra intuición. Una frase, una palabra, una actitud, una mirada se convierten en el detonante para enlazar piezas de manera instantánea y llegar a una conclusión.

Escuchar a una persona hablar por horas y deducir que todo lo que dice es falso, por más que sonría, se muestre interesado e inspire confianza para el resto; una pieza no encaja, y es el punto de partida que prende la alarma: algo no está bien.

Observadora, sí, y sobre todo en los pequeños detalles, esos que para algunos pasan desapercibidos, sin embargo son muy importantes a la hora de tomar una decisión. Apresurada, descabellada, lo que fuera, pero es su intuición.

El silencio y la soledad son sus aliados. Puede dibujar un panorama distinto lejos de todo, sin ruido, sin voces ajenas, sólo su voz interior hablándole: algo aquí no está bien, caso contrario estarías tranquila, ¿o me equivoco?

Esa piedrita en el zapato le recuerda que tiene algo pendiente. Noches de insomnio recordando momentos que parecían sinceros. Pero llega ese día, sin fecha en el calendario, cuando se cae el velo y se muestra su verdadero rostro, el que algún día estuvo maquillado con mentiras.

Para ella, la confianza ha muerto, y un minuto de silencio no es suficiente. Años de sinceridad se volatilizaron, dejando un aroma a decepción. El ambiente se siente tenso, las miradas son esquivas y una conversación postergada se sirvió sobre la mesa. Un plato amargo espera impaciente.

Las maletas al pie de la puerta se despiden del pasado, de una vida matizada de risas, viajes, abrazos, besos, confesiones, discusiones, confianza, amor, verdad; ahora convertidas en banalidades. Recuerdos  retratados en fotografías guardadas en la última gaveta del escritorio. Por la ventana lo ve, ahora es un extraño alejándose, si algún día lo amó y confió en él, se equivocó, era un lobo disfrazado de cordero.