martes, abril 29 |

AMOR VERDADERO

Salió tarde como siempre del restaurante, pensó que aquella noche tan especial la pasaría con el amor de su vida, pero su jefe la hizo trabajar el doble porque su compañera estaba enferma. Pasada las once de la noche se quitó el delantal y caminó cinco largas cuadras hasta llegar al viejo edificio, suspiró y subió las escaleras, sacó de su billetera la única foto que la hacía sonreír, ambos estaban en el bosque, aquel fin de semana hace un par de años fue perfecto, pasaban más tiempo juntos, pero el trabajo los había distanciado.

Caminó hasta su cuarto, él yacía profundamente dormido, lo arropó y le dio un beso. El niño abrió y los ojos y exclamó ¡mamá, llegaste, vamos a soplar la velita!, ella sonrió y lo cargó, caminó hasta la cocina y su hermana la acompañó. Sacó el pastel y colocó las cinco velitas, el pequeño estaba emocionado, sabía que su mami trabajaba hasta muy tarde y que debía quedarse con su tía, por eso trataba de quedarse despierto en la sala hasta que el sueño lo vencía.

Cantaron el típico cumpleaños feliz y Fabián aplaudió luego de pedir su deseo en voz alta: mamá quiero que estemos siempre juntos, lo abrazó y lo llenó de besos. Se puso en cuclillas y le entregó un obsequio. El niño rompió el papel de regalo y corrió feliz hasta el mueble para jugar con su nuevo carrito.

Mientras él y su tía jugaban sobre la alfombra, ella miraba la botella de vino que estaba sobre la mesa, se sintió tentada probar tan solo un sorbo, pero en tan solo unos segundos recordó el infierno que vivió por culpa del alcohol. Su hermana se disculpó por dejar la bebida abierta, había tenido visita y olvidó guardarla bajo llave. Sonrió y acudió al llamado de si hijo, él era su motivo, la fuerza que la impulsaba día a día para seguir adelante.

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