miércoles, abril 30 |

CERRANDO CÍRCULOS



Capítulos inconclusos con tres puntos al final, son la esperanza para un enamorado, la reconciliación o venganza con el pasado y la oportunidad de reanudar lo que dejamos a medio construir. Millones de habitantes, millones de vidas, historias que vagan incompletas por el mundo y que tarde o temprano el viento del recuerdo voltea sus hojas justo en la última línea a medio escribir.

Hace poco conversé con una amiga que no veía hace mucho tiempo, perdimos contacto desde su mudanza. Por cinco años vivió resentida, pensando en el mal sabor que le dejó un engaño. Lo eliminó de su vida, cartas, regalos, fotografías y demás recuerdos fueron destruidos, porque ella conoce el significado de olvidar, en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, las coincidencias o destino, como algunos quieran llamarlo la pusieron frente a frente con aquel joven.

Se encontraron en uno de los tantos viajes que ella hacía. Un tímido hola dio inicio a una conversación que se prolongó hasta caer la noche, supo entonces, que había vivido creyendo en una mentira y juzgando a alguien sin darle tan solo algunos minutos para explicarle lo que en realidad sucedió. 

Dicen que todos tenemos un amor que jamás olvidaremos, y eso estaba muy claro para Gina. Tuvo una relación de diez años, anillo incluido y embarazo a la vista, pero todo se desvaneció como agua entre las manos.  El novio la dejó y jamás se hizo cargo de la niña. Seis meses después del nacimiento de su hija, se comprometió y al mes se casó con otra persona. Él era un buen hombre, la quería y respetaba, siempre estuvo enamorado de ella. 

Ahora la pequeña tiene cinco años y un hermano de dos. Su matrimonio se mantiene estable y gracias a los contactos en alta dirección de su esposo ha conseguido que el padre de su hija no pueda ascender y en el peor de los casos trabajar en las grandes compañías. Él llegó a su despacho para una entrevista y ella hizo y deshizo a su antojo: la venganza es un plato que se come frío.

Alejandro trabajó con saco y corbata detrás de un escritorio. Se limitó a seguir órdenes día a día, siempre anhelando lo que había dejado cuando era un adolescente. Una mañana despertó, recopiló todos los videos que había editado y las fotografías que tomó en cada uno de sus viajes, los colgó en Internet y envió dos cortometrajes a concurso. 

Se conformaba con su sueldo, así que decidió gastar más de lo que ganaba para verse en la obligación de buscar otro ingreso. Un par de meses después la oportunidad se presentó como asistente en un canal de televisión. Sus trabajos se incluyeron en una feria audiovisual que organizó la universidad donde él había retomado sus estudios. Alejandro brilló y encantó, dejó esa vida gris que lo hundía en un futuro nebuloso, ahora es feliz y yo también lo estoy por él.

¿Coincidencia, destino, oportunidad?, se presentan para bien o para mal. Esos círculos incompletos nos recuerdan que hay algo pendiente que debemos terminar o en el mejor de los casos continuar. ¿Cuántos círculos tengo en espera?, varios, ¿los estoy cerrando?, sí, y continuo escribiendo historias con puntos suspensivos.

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