miércoles, abril 23 |

PUERTAS DEL PASADO

Era una tarde cálida de otoño, Gina leía en el jardín de su casa, la novela la atrapó desde el inicio, y que
mejor que aprovechar un domingo sola en casa y dedicarse por completo a dejar volar su imaginación, pero todo dio un giro inesperado aquel martes de abril, una llamada cambió todo.

-        ¿Estás en casa?, necesito conversar contigo, tengo mucho miedo
-          ¿Qué pasa Adriana?, ¿dónde te encuentras?
-          Dentro de cinco minutos llego

La llamada de su hermana la dejó muy preocupada, es la primera vez que le habla de una manera tan seria y no imaginaba qué la podría tener tan asustada, solo le quedaba esperar.

Adriana la abrazó como si se tratara de una despedida, eso la dejó más confundida aún. Ambas se sentaron y comenzó el relato, que en parte era escalofriante, de esos que solo una película puede erizar la piel, sin embargo, en este caso, su única hermana era la protagonista.

Todo comenzó en la mañana, Adri recorría el centro comercial con una amiga, habían comprado ropa, zapatos y accesorios. Caminaron un poco más y el último stand llamó su atención, decía Mística, la curiosidad las envolvió y entraron a preguntar. La mujer tendría unos cincuenta años, el cabello oscuro, los ojos pardos y la mirada intimidante. Sobre la mesa divisó un cráneo, velas, cartas, hojas, y elementos extraños. La bruja sonrió, hizo un ademán y las invitó a ingresar. Adriana no dudó, pero su amiga muy creyente en la religión católica prefirió esperar fuera.

-          Tienes una carga negativa muy fuerte y por eso las pesadillas te atormentan cada noche, esa sombra no te dejará tranquila.
-          ¿De qué sombra me habla?
-          Dame tu mano

La mujer se quedó en silencio por algunos segundos y comenzó a hablar sin detenerse, todo lo que decía la dejó sin palabras, y poco a poco empezó a hilvanar sucesos individuales que no tenían respuestas.

-          Esa mujer jamás lo dejará, lo tiene amarrado y ha pagado bastante por ese trabajo, no es fácil deshacer lo que hizo e imagino quien fue el encargado. Desde que supo de su relación con el hombre que ella cree que le pertenece, enfureció, y está dispuesta a llegar hasta el final si tú continúas en medio. Él es un títere en sus manos, y por más que intente separarse de ella, siempre regresará porque el lazo que los une es eterno. Hay muchas lágrimas y sufrimiento en tu vida.
-          ¿Qué va a pasar con él?
-          ¿Tienes alguna su foto?
-          – sacó una fotografía de la cartera –
-          Será infeliz por mucho tiempo, ella encontrará a otro hombre, pero ya para ese entonces habrá hecho mucho daño. – La miró fijamente y preguntó- ¿has tenido fuertes dolores de cabeza, o problemas en tu familia y trabajo?
-          Hace dos semanas todo es un caos, hay muchas discusiones y…
-          Ya comenzó contigo – la interrumpió –
-          ¿Qué dice?
-          Ten cuidado, porque solo es una advertencia. Ella ha hecho un pacto con el diablo y por eso todas las noches tienes esas pesadillas terribles, en tu casa todos discuten y en el trabajo las cosas andan mal. Para esa mujer destruiste su familia y ella hará lo mismo con la tuya.

Adriana quedó asombrada por todo lo que decía la bruja, no podía ser coincidencia, ¿cómo supo lo de la mujer, el hijo y las pesadillas? Pero ella necesitaba más pruebas para estar segura de lo que decía la adivina.

-          Tienes un proyecto en mente, lo has dejado de lado pero pronto lo retomarás. Solo necesitas salir de ese círculo vicioso en el que estás metida. Todo pasa por algo, no te culpes por la pérdida, la madre naturaleza sabe por qué suceden las cosas, un niño no era la solución, solo hubiera traído más conflictos.
-          Debo irme, esto ha sido demasiado
-          Aléjate, ella es peligrosa
-          ¿Cuánto le debo señora?

Después de cancelar, salió del stand, su amiga la esperaba con muchas preguntas, pero Adriana solo quería irse a casa, se sentía mal, desorientada con deseos de volatilizarse. Necesitaba conversar con Gina, así que tomó un taxi y la llamó.

Ella no era creyente de ese tipo de arte esotérico, siempre ha creído en los hechos, lo que se puede comprobar, pero la historia de su hermana la dejó sin palabras, no era cualquier persona quien le relataba lo sucedido y eso complicaba un poco las cosas.

-          Sabes lo que pienso sobre esa relación, no hay futuro y te lo dije desde un inicio. No me quiero enfocar en lo que dijo la bruja, sino en lo que veo, y esto te lo diría cualquier otra persona, te ahogas en un vaso con agua, es necesario que pases la hoja.
-          ¡Tenemos una historia!, crees que puedo darle borrón y cuenta nueva.
-          Una historia llena de mentiras y lágrimas, ¿te conformas con tan poco?
-          Creí que me entenderías, pero veo que no.

Adriana se fue a su cuarto, dejando a Gina con la palabra en la boca. Intentó que su hermana abriera la puerta pero todo esfuerzo era en vano. Salió con dirección al centro comercial, tenía que ver a la mujer, su hermana estaba muy confundida y la conversación con la extraña la había dejado peor. Buscó el letrero hasta que dio con el stand de la adivina.

-          Usted habló con mi hermana hace un par de horas, era una chica de cabello castaño y vino con una amiga.
-          Claro que la recuerdo, está pasando por un momento complicado.
-          Y usted se lo ha complicado más con todo lo que le ha dicho, ¿de dónde ha sacado toda esa información? ¿conoce  a la mujer? Porque es la única explicación que encuentro.
-          Son muy distintas, ella tiene el carácter tan dócil, en cambio tú tienes una gran fortaleza, no dejas que accedan a ti con tanta facilidad.
-          No he venido para que me lean el presente, el futuro o lo que sea, quiero que me diga ¿por qué ha dejado así a mi hermana? ¿fue a petición de la tipa esa?
-          No la conozco, solo la vi cuando le leí la mano a tu hermana y en el momento que me enseñó la foto.

Gina no creía en la explicación de la adivina, todo era montado, sin embargo las cosas cambiaron en tan solo unos segundos.

-          Lo extrañas y guardas la pulsera en el cajón de tu velador. Sientes que te abraza cada noche, y no te equivocas, porque él está contigo. Él no se va a ir si tú no lo dejas, tienes tanta fuerza, tan grande es el deseo de que esté contigo, que él se mantiene a tu lado y no se ha ido.
-          ¿De qué habla?
-          Sabes perfectamente a lo que me refiero
-          Esto era todo, permiso

Caminó hasta llegar a casa, encontró a su hermana dormida y se fue al cuarto. La pulsera que le regaló su papá cuando era adolescente la conservaba con recelo. Su padre falleció en un accidente de tránsito y desde entonces ella no fue la misma, nunca asimiló su partida, conforme pasaban los años, se aferraba a su recuerdo. Adriana era muy pequeña cuando sucedió todo y por eso no lo extrañaba tanto.

Tomó la pulsera y se sentó en el jardín. Conversó con su papá, lloró hasta sentir pesados los ojos, la herida estaba abierta y aún sangraba. Por su mente pasaron todos los momentos que vivieron juntos. Su hermana la abrazó por la espalda, había reflexionado sobre el tema, era momento de dejar el pasado atrás, ambas tenían mucho camino por recorrer, y debían empezar por cerrar las puertas del pasado.




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