jueves, abril 24 |

FRAGANCIA AÑEJA EN LA PIEL: PARTE II

PARTE I: Agosto 2012 

¡Esos ojos! Definitivamente era él, usaba un saco negro y su perfume la sedujo como la primera vez en aquella cita a ciegas cuando tan solo era una adolescente. Se acercó, y un sutil beso en la mejilla fue capaz de erizarle la piel, en tan solo unos segundos volvió al pasado.

El ambiente estaba tenso y el alcohol aún no había hecho efecto. Ambos conversaban de temas triviales, trabajo y amigos, aún no se animaban a escarbar en el ayer, sabían que al abrir esa puerta, tendrían que responder a muchas preguntas, cerrar el círculo que dejaron en espera hace cinco años.

El anillo en su dedo era explícito y no quería saber de ella, para qué estropear el resto de la noche en un presente que no la incluía. Acarició su mano, y una descarga eléctrica recorrió su cuerpo, él sonrió y acomodó su cabello detrás de la oreja.

¿Puede el recuerdo de alguien marcar con tinta indeleble la vida de una persona? Él fue capaz de hacerlo, pero ella jamás se lo diría, porque en teoría fue uno más, una ilusión de adolescente, nada importante, de esos amores que se evaporan con el tiempo.

Deslizó su dedo sobre los labios de Lucyana, y el silencio encapsuló el momento. Había tomado tres Cosmopolitan y se sentía algo aturdida, esos ojos la hechizaban la transportaban a un viejo escenario de pantalones rasgados y zapatillas.

Se acercó y la besó cerca a los labios, ella se apartó y lo miró desconfiada. ¿Qué estaba haciendo?, en tan solo unos segundos recordó las noches de insomnio, lágrimas y vacío, algo que él jamás entendería. Se ausentó sin una despedida, solo una carta sobre el velador puso punto final a un capítulo que ella aún seguía escribiendo.

Miró su reloj, era un poco tarde y debía estar en casa para terminar sus pendientes. Él intentó detenerla pero Lucyana lo fulminó con la mirada, él no había cambiado, pese a su estado civil no le importaba entretenerse un rato en el pasado y ella no era su juguete.

El joven no insistió y solo la vio alejarse entre la multitud, Lucyana caminó hasta la puerta y pidió un taxi. Llegó al departamento y las maletas en la sala dibujaron una sonrisa en su rostro, se iluminó su mirada, él era luz, fuego, verdad, presente, amor; eran completamente diferentes, y aquel inesperado incidente quedó enterrado en el pasado, solo fue un trago amargo en una noche de copas.


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