sábado, abril 3 |

LOS QUE LOS UNIÓ... LOS SEPARARÁ II

Una tarde Cynthia acompañó a una amiga para que se leyera las cartas, ella no era muy creyente pero sólo estaría con su amiga un par de horas, nada perdía; pero la curiosidad fue más grande y terminó también por conocer cosas que sucedieron en su relación y que jamás lo hubiera pensado como alternativa. Lorena había recurrido a la magia negra para amarrar por siempre a Leo. ¿Sería cierto o sólo invenciones de Maruja? Cual sea la respuesta, los argumentos de la señora eran muy convincentes. ¿Qué podía hacer? Pagarle con la misma moneda, revertir todo lo que Lorena hizo.
Cynthia llevó una foto de Leo y Maruja comenzó su trabajo, una semana después las conversaciones entre ambos por MSN se tornaron más extensas y existía un ambiente mucho más cómodo, menos superficial entre ambos. Eran los mismos chicos de hace tres años y esto era algo peligroso porque las circunstancias eran otras. El término indiferencia ahora no tenía cabida en las conversaciones que llegaban hasta las 3AM.
Por juegos del destino, Cynthia tenía que regresar a la ciudad que dejó hace tres años porque debía arreglar unos papeles y tenía sólo un día para verlo. No sabía si comentarle sobre su viaje, pero no perdía nada, sólo eran viejos amigos, se decía a sí misma. Leo, al enterarse de su regreso le propuso verse en casa de ella para conversar porque había pasado muchísimo tiempo y esta era una buena oportunidad, pero en el fondo una parte de él deseaba intensamente verla, no entendía por qué después de tanto tiempo lo que sentía se había prendido como una chimenea; ella por su parte estaba nerviosa, pero trataba de no pensar en aquel día.
Dos semanas pasaron desde la inesperada noticia, Cynthia viajó. Se encontraba frente al espejo, en sus ojos había un brillo que hace mucho tiempo no veía, su corazón estaba acelerado, sentía que se le salía del pecho, no sabía exactamente qué le diría pero lo que más le preocupaba era un polvo que Maruja le había dado, el cual tenía que conseguir el tomara ya sea en alguna bebida o algo sólido. Había pensado en mezclarlo con gaseosa, era lo más factible; en su interior esperaba que todo salga bien y logre su cometido.
El reloj apuntaba la hora de su llegada, ella recibió una llamada, era Leo que estaba a pocas cuadras de su casa pero le era imposible acercarse más porque en la esquina algunos conocidos conversaban y no quería malas interpretaciones, así que decidió ingresar a una cabina de internet y hacer hora hasta que aquella gente se fuera.
Treinta minutos después, Leo se encontraba tocando el timbre de la casa de Cynthia, ella salió y ambos se saludaron. Se sentaron en el mueble y conversaron de lo que había acontecido en su vida los últimos tres años: estudio, trabajo, salud, hijos, pero no mencionaron el pasado, además no tenía razón de ser aquel tema.
En un descuido, Cynthia aprovechó para servir la gaseosa y echar el polvo de Maruja, felizmente no despertó sospecha y Leo tomó varios sorbos de gaseosa hasta acabarla. Luego de una par de horas, él estaba muy cariñoso con ella, se acercaba más de la cuenta, pero en la cabeza de Cynthia, se repetía: “no hagas cosas de las cuales te puedes arrepentir, ¡es casado!”, pero otra parte de ella decía: “ella te lo quitó, no le importó usar brujería para lograr su propósito”. ¿Qué hago?, el corazón y la razón se batían a duelo ya que la tentación era muy fuerte… estaban a pocos centímetros de distancia, las miradas lo decían todo, las palabras sobraban… Cynthia sentía la respiración de Leo y su corazón acelerado le impedía pensar con claridad en ese momento… era una noche preciosa, un cielo despejado lleno de estrellas era el mejor panorama para decorar el lugar de encuentro de dos viejos amores. Ella cerró los ojos y se dejó llevar… el corazón ganó está vez.

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