martes, abril 6 |

AMORES DE VERANO

El verano se marcha, los días soleados en la playa quedan en el recuerdo de muchos quienes encontraron el amor en los meses en los que nos olvidamos del trabajo, las responsabilidades en la oficina o las clases en la universidad. Tres meses quedarán en las páginas de un diario o de un blog; sin embargo son muy buenos recuerdos.
Les contaré dos historias muy distintas, sin embargo tienen muchos en común: “un amor de verano”.
Siete años después
“Era el día de mi cumpleaños y jamás imaginé encontrarlo en la calle, él caminaba distraído al igual que yo, pero bajo la luz tenue de un poste nos saludamos, me dio un fuerte abrazo y me dijo ¡Feliz cumpleaños flaquita!”.
Mariposas en el estómago y corazones en el cuaderno de una colegiada. Siete años después el destino los puso frente a frente, se encontraron en el mismo lugar, dos viejos amigos que nunca fueron sinceros con sus sentimientos y solo quedaron como dos amigos cuando por dentro un sentimiento intenso crecía pero que los años se encargaron de guardar en el cajón de la memoria, haciéndoles creer que solo fue una ilusión de adolescentes.
-A los tiempos… ¿Qué ha sido de ti? – dijo él -.
-Estoy estudiando y vengo de vacaciones por aquí - dijo ella -.
-Un día de estos podemos salir ¿qué te parece?. ¿Me podrías dar tu número telefónico para llamarte?
-Me parece excelente… tenemos mucho por conversar… son muchos años que no te veo
-¡Eres una sobrada! (risas)… no has dado señales de vida en los últimos años.
-(Risas) Eso te diría a ti
-Ahora estoy viendo lo de mi título, pero apenas me desocupe de eso, salimos sí o sí.
-¡Bacán! Por ahora estoy trabajando, pero el fin de semana lo tengo libre.
-¡Trabajando en tus vacaciones! No pierdes el tiempo (risas)
-Para nada…
Luego de salir en repetidas ocasiones e intercambiar miradas, acompañadas de sonrisas tímidas, un flashback de recuerdos de aquellas épocas en las que conversaban y bromeaban fue el aditivo que necesitaban para sentirse más cerca el uno con el otro. La sonrisa pícara de él y la mirada esquiva de ella dejaban señales que sólo ellos captaban, la gente alrededor no existía, eran dos viejos amigos que el destino se encargó de reunir. La noche como siempre fue cómplice de una declaración inesperada; él y ella dejaron fluir sus sentimientos como agua de manantial. Un sentimiento en común… un sentimiento que estuvo en tinieblas pero que años después salió a la luz.
Un mes después debían tomar caminos distintos… ambos se preguntaban ¿por qué tuvo que pasar tanto tiempo para encontrarse en ese momento?... el destino unió sus caminos por corto tiempo… no había opción a reclamo… sólo aceptación.
El verano se acabó y con él los mejores momentos dibujarán una sonrisa cuando ella viaje al sur y de él se desprenderá un suspiro cuando esté en el bus camino al norte; el destino los puso a cara a cara, pero es tiempo de darle vuelta al reloj de arena… “tú con tu vida y yo con la mía, nuestros caminos nos llevarán a lados opuestos del mapa”
Una noche
La otra historia involucra a dos extraños que buscaban olvidarse de la rutina de sus vidas, frecuentar los mismos lugares, ver a la misma gente y tener las mismas responsabilidades que los asfixiaban… querían huir y por un fin semana sentirse diferentes y encontrarse con ellos mismos.
-¿Fumas? – dijo él -.
-Claro - dijo ella, mientras tomaba el cigarro que un desconocido le ofrecía-
-Renato… ¿y tú?
-Melissa… ¿y has venido solo?
-Sí ¿y tú?
-También… ¿quieres bailar?- extendiéndole la mano-
-Ok…
Lo que al inicio parecía una conversación distante de dos personas que no tenían la intención de entablar algún tipo de relación, horas más tarde el bloque de hielo que los separaba se derritió… conversaban como dos personas que parecían conocerse de años, dos almas gemelas, dos personas que buscaban apartarse del bullicio de la ciudad, se encontraron en la playa una noche que parecía no acabarse. Sentados en la arena, mirando como la luz del faro alumbraba las aguas negras que iban y venían, en silencio y discretamente se tomaban las manos.
Se contaron todo… sus secretos, sus miedos, sus triunfos, sus derrotas…
-No sé porque te he contado todo esto… ¡debo estar loco!... y no pienses que es el alcohol porque no he tomado
-Entonces yo también debería estar loca por haberte contado cosas de las cuales no he hablado hace muchísimo tiempo
-Pero ¿sabes una cosa?... me hizo bien conversar contigo… sentí por fin que un gran peso de encima se levantaba de mis hombros… me estaba asfixiando… vine con la intención de emborracharme y quedar tirado en la playa… pero no fue así.
-Creo que un desconocido aconsejaría mejor porque tiene un enfoque externo, no estás a mi favor ni en mi contra… sólo escuchas lo que tengo que contarte y sacas tus conclusiones y me dices lo que piensas al respecto.
-No quisiera que la noche termine… - dijo él mientras acariciaba el rostro de ella-
-Yo tampoco – dijo ella abrazándolo fuertemente- pero en algún momento veremos el amanecer.
- ¿Por qué te encontré cuando estoy a horas de irme?
-No pensemos en eso… las cosas suceden por algo… como diría Luis Enrique en su canción “Yo no sé mañana”: “Para que pensar y suponer… no preguntes cosas que no sé”… Veamos juntos el alba y que pase lo que tenga que pasar.

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