domingo, octubre 21 |

CUMPLEAÑOS INFELIZ


Caminaba desértico y un poco taciturno. Tiempo después vi el borrador del original. Aquella luz, algarabía, color, misterio y encanto se perdieron en el vacío de los años. ¿Por qué tanta nostalgia?, ¿qué le pasó? Ahora su mirada esquiva el cariño y sus manos acarician el dolor. Saludó al barman y se sentó en la barra.

¿Álvaro? – pregunté – podía equivocarme de persona, era mejor estar segura antes de acercarme más. Alzó la cabeza y me observó detenidamente por algunos segundos, se quedó pasmado como si hubiera visto un fantasma, me sentí algo incómoda pero por lo menos sabía que era él y no su sombra.
¡Qué sorpresa!, no te reconocí, han pasado muchos años – respondió – Sonrió por compromiso, me dio un beso en la mejilla y me invitó a tomar asiento. El frío se sentía en el ambiente y una conversación superflua era lo más próximo entre nosotros.

Luego de algunos minutos la confianza ingresó por la ventana y se acomodó en la silla vacía que nos acompañaba. Lo vi derramar algunas lágrimas, miró el cielo escarchado y suspiró tratando de contener las palabras que se peleaban por salir de su boca.

Me dejó, me mintió por tanto tiempo y yo… - no terminó la frase – No sabía qué decirle, todo fue inesperado, Álvaro siempre tuvo todo bajo control, nada podía salir mal, sin embargo aquella noche trataba de recoger los pedazos de vida y reconstruir su presente.

Se disculpó y fue a los servicios. Miré el reloj, mis amigas no tardaban en llegar y lo mejor era despedirme. Luego de algunos minutos regresó un poco más relajado, pero era imposible esconder esa mezcla de tristeza y rabia que presionaban su corazón.

Me contó toda su historia, no pregunté, estaba de más escarbar en su dolor, solo escuché atenta, sabía perfectamente que lo único que Álvaro quería era a alguien que lo escuche. Suficiente había tenido con el “que pena que no funcionara”, “las cosas pasan por algo”, “ya llegará alguien mejor”, “el mundo no se acaba”, etc., todos se pusieron de acuerdo en decir el mismo parlamento.

Sin planificarlo se rencontraron en el mismo lugar donde se conocieron. Muchos años después nuevamente era testigo de ese cruce de miradas desconocidas que en algún momento fueron cómplices.

Hola – dijo dirigiéndose a él – Carla era mi mejor amiga y ex enamorada de Álvaro. Ese amor fue de película y me sentí mal cuando terminaron por las razones que en ese momento no valía la pena recordar. Mis amigos se trataban como dos extraños que cumplían con un saludo porque me encontraba presente.

Estamos en la mesa del fondo, te esperamos – dijo – Sabía que el hecho de acercarse la incomodaba, así que me puse de pie y me despedí. De repente, Carla dejó su zona segura y se acercó, le sonrió y le dijo feliz cumpleaños. Lo había olvidado por competo, era 03 de agosto. Un débil gracias se diluyó en el ambiente.

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