domingo, julio 12 |

EL PAÑUELO

El pañuelo de seda azul, impregnado con su perfume, rodeaba su delicado cuello. Sólo un nudo impedía que éste se desatara. Un ventarrón de aire con olor salino, desató aquel pañuelo, el cual voló sin detenerse con dirección desconocida. Ella corrió tras él, trataba de alcanzarlo, pero éste como gaviota, no se dejaba atrapar.
Se confundía entre la bandada de gaviotas y pelícanos que volaban cerca de la orilla, volaba como si fuera un ave que había escapado de su jaula.
De pronto el pañuelo descendió y cayó cerca a la orilla de la playa, las olas no mojaban tan delicada prenda, así que disminuyó su velocidad, al ver que éste yacía inmóvil sobre la arena.
Cuando ella estaba a punto de coger el pañuelo, éste como ave que despliega sus alas para volar, se dirigió hacía una roca donde había alguien sentado. ¿Quién es él?... De espaldas y mirando el horizonte, ¿era una visión o una realidad?. El pañuelo se detuvo y como una caricia, rozó su brazo y cayó sobre la orilla. Él lo recogió y sintió su aroma, fue un aroma conocido, era el aroma de ella, volteó y la miró, ella incrédula se quedó estática a unos metros de distancia. Se alejó de la roca y caminó dos pasos en dirección a ella, ¿era el deseo, era el miedo?. Ella dio media vuelta y se fue. Él retrocedió dos pasos y se sentó, dejando caer el pañuelo. Las olas del mar se agitaron y con bravura chocaron contra las peñas. El agua llegó a la orilla y arrastró el pañuelo, como las garras de un tigre, al atrapar a su presa.
Él miraba nuevamente el horizonte mientras el sol se perdía entre las aguas, a lo lejos el pañuelo se marchaba con dirección incierta, mientras a su derecha, el amor de su vida se confundía entre la gente.
El pañuelo se ahogaba entre las aguas salinas del mar, una prenda tan frágil no podría regresar a la orilla.

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