jueves, mayo 24 |

OJITOS MARRONES


Te fuiste junto con aquel atardecer gris. El sol tristemente se acurrucó en los brazos de un furioso mar, que se llevaría los mejores momentos para sumergirlos en la profundidad del pasado. Ese lugar al que van todos los recuerdos, y los más tristes siempre quedan en la superficie de la caja, pero poco a poco se llenan de polvo.

El dolor no tiene magnitud, solo se siente, y fue lo que aquella tarde me quebró la voz y me presionó el pecho. El vacío parecía infinito, la caída en picada no se detenía y todo transcurría  en cámara lenta. Al compás de la nostalgia te dije adiós, nunca te olvidaré.

Ya no te escuchaba, ya no te veía, ya no te sentía. Las paredes parecían más altas, imponentes e insensibles a mi soledad. Recorría cada fría habitación con la esperanza de abrir una puerta que me despertara de la pesadilla en la que me encontraba atrapada. Sin embargo todo era real y debía aprender a vivir con tu ausencia.

Los meses suavizaron la rugosidad de tu partida y aunque admito que no fue fácil, ahora sonrío al recordar aquellos ojitos marrones llenos de brillo que me miraban. Me acompañabas todas las tardes y jugábamos hasta que te cansabas. Llenabas de alegría cada espacio en esta casa que siempre te reservará un lugar.

Estarás en mi corazón y en mi memoria porque formaste parte de mi vida. Desde cachorrito te recibimos en nuestro hogar y te cuidamos como un miembro más. Ahora que no estás se respira nostalgia cuando te recordamos, pero el tiempo se encargará de guardarte en el cajón de los mejores recuerdos.



1 comentarios:

Anónimo dijo...

lo siento, se que lo querias demasiado !!!