miércoles, febrero 9 |

TUS VIEJAS CARTAS

Jugaba con el manojo de llaves mientras miraba el reloj en la muñeca izquierda, por su cabeza incontables recuerdos transitaban en la calle del pasado, los cuales se detenían con la luz roja del presente. Ella sabía que podía bajarse en la esquina y tomar el bus en la calle del frente que la dejaría a unas cuadras de su casa pero ese “algo” la incentivaba a esperar y llegar hasta el final.
Unas cuantas personas quedaban sentadas, algunas leían, otras conversaban por celular y un anciano cabeceaba, por su parte, ella trataba de alejar el eco de los recuerdos mientras miraba, a través de la ventana empapada de lluvia, a las pocas personas que caminaban por la vía pública, quienes se cubrían con paraguas mientras cerraban sus establecimientos de trabajo.
Faltando pocos minutos para llegar sintió aquella sensación de vacío en el estómago, tragó saliva y se acomodó el cabello. Bajó del bus y caminó algunas cuadras teniendo como única acompañante a la lluvia.
Se detuvo y contempló por algunos segundos la casa que tenía en frente, sonrió y sacó el manojo de llaves, buscó la llave que tenía las iniciales J&K, abrió la puerta e ingresó. Caminó hasta llegar a la sala, dejó su casaca en una silla y lo llamó, de pronto escuchó aquella inconfundible voz.
- Por un momento creí que no vendrías – dijo él –
- Lo mismo pensé, pero aquí estoy… ni yo misma lo creo – afirmó –
La luz tenue, velas en la mesa, dos copas y una botella de vino armonizaban el ambiente. Ella se sentía un poco incómoda pero intentó opacar los recuerdos con conversaciones banales. Él le ofreció una toalla.
- Dejaste algo de ropa, puedes subir y cambiarte, no quisiera que te resfríes por mi culpa –
- No te preocupes, solo mi cabello está mojado
Él siempre había cocinado muy bien, era un cheff extraordinario, no podía dejarse de lado esa gran virtud, lástima que los continuos viajes dañaran su relación. El trabajo de Katy fue el tema principal, él hubiera querido saber cómo se sentía ella. Sabía que con una cena no recuperaría el tiempo perdido pero esperaba que esa noche sea especial.
- Tiene buen gusto – dijo él –
- ¿Disculpa?, no entiendo – respondió -
- Lo digo por el anillo de compromiso
Katy sonrió y asintió. El iceberg poco a poco se derretía, el pasado no era tan malo si se recordaban los buenos momentos. Él sacó un álbum de fotografías y le contó sobre los viajes que había tenido y los lugares que conoció cuando viajaba en cruceros. Todo iba muy bien hasta que lo vio en una fotografía con aquella mujer. Su sonrisa se desdibujó de su rostro y se puso de pié. Agradeció la invitación pero era momento de irse. Él la tomó del brazo y le pidió que se quedara porque no quería perderla de nuevo.
- Gracias por la cena y el vino – dijo Katy -.
Katy dejó la invitación de su matrimonio con la llave de la casa sobre la mesa y abrió la puerta. Él no quería estropear la cena pero ella estaba nuevamente a la defensiva, así que sacó de un cajón unos sobres y los puso sobre la mesa, Katy no pudo articular palabra alguna, lo miró y tímidamente tomó cada sobre que contenía las cartas que ella le había escrito en muchas ocasiones.
- Mañana es un día muy importante, inicias una nueva vida con la persona que amas y aunque no forme ya parte de tu vida, sabes que siempre estaré aquí para ti.
La lluvia se había detenido y el silencio en la sala era sepulcral. Katy cogió su casaca y tomó la invitación que había dejado sobre la mesa y la rompió.
Si en algún momento Joaquín pensó que recuperaría a su hija, aquella posibilidad la veía remota, sintió que la brecha que los separaba se había prolongado. Katy se acercó a Joaquín, sonrió y le dijo:
- Mi padre no necesita de una invitación para llevarme al altar

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