miércoles, agosto 5 |

TAZA DE CAFE EN INVIERNO

¿Cuánto tiempo ha pasado?... meses, años; la verdad es que he perdido la cuenta pero el recuerdo sigue nítido como si fuera ayer la última vez que te vi. No negaré que en un inicio te odié a más no poder y deseé no volverte a ver… pero las travesuras que entreteje el destino no son calculadas, y siempre en el momento menos pensado te encontraba nuevamente en mi camino cuando te imaginé a kilómetros de distancia. Eres como el viento, siempre está ahí, algunas veces sopla más fuerte y otras no, así como tu recuerdo en temporadas de invierno se acentúa y en verano es más fácil de sobrellevar.
Del amor al odio si que había un paso, un paso que me obligaste a dar, paso que me negaba a aceptar, pero que finalmente se convirtió en el sentimiento que me invadía cada vez que te veía; eran tus palabras y acciones tatuadas en mi mente que me impedían liberar mi corazón de las ataduras del rencor. Esa última carta perdida entre las páginas de mi diario, en el último cajón de mi velador que jamás pude romper era el único recuerdo material que conservaba, ¿tortura?, ¿masoquismo?... no lo sé, pero lo que sé es que al leerlo me impedía caer nuevamente en las garras del ser que una vez amé.
¿Ahora que siento?... ¿qué sentimiento me invade cuando te veo? No tengo la menor idea cual sería porque aun no te tengo en frente; ¿qué te diré?... ¿pasaré nuevamente por tu lado sin mirarte?... ¿estaremos en guerra fría? ¿Cuántas lunas llenas más tendrán que pasar para verte de nuevo? Realmente he perdido la cuenta de tantas noches frías mirando a través de la ventana el cielo despejado y la luna brillante esperando que todo lo que viví sea una pesadilla… mi almohada ha escuchado tantas confesiones desde lo más profundo de mi corazón, de un corazón que estaba en llamas, pero que el frío de tu indiferencia lo convirtió en un bloque de hielo. ¿Te olvidé? No… que haya cerrado con candado el baúl de los recuerdos en mi mente no significa que todo lo vivido se haya esfumado como el vapor de una taza de café, los buenos recuerdos son el azúcar que la endulza… pero tú te excediste en el café… El perdón es el agua que hace falta a este café… Y ahora en este invierno que es cada vez más frío por fin podré tomar el café que en un inicio fue amargo.

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