lunes, diciembre 15 |

CONOCIDOS DESCONOCIDOS

Era el mismo, pero estaba irreconocible, aquellos ojos dorados, debajo de esos lentes de chico nada intelectual habían perdido su brillo, y esa sonrisa que se dibujaba en su rostro cada vez que la veía, se había convertido en una mueca.

Confiaba en ella a ojos cerrados, se enamoró por primera vez, no sabe cómo, ni en qué momento se convirtió en la mujer de su vida, por quien hubiera dado lo que fuera. Pero las constantes discusiones y las supuestas traiciones derrumbaron su relación y sus planes juntos se volatilizaron.

Ha transcurrido media hora y la pila de botellas de cerveza se ha acumulado sobre la mesa. La música se mezcla con la risa de la gente, las luces multicolor matizan las paredes del bar. Tiene la mirada ida, sus amigos conversan en voz alta, pero él parece perdido en el laberinto de su pasado. De vez en cuando un ¡salud! y un choque de vasos lo regresan a la cruda realidad.

Parece un hombre fuerte, aquel que no se deja intimidar por nada y tampoco espera caerle bien a todos. Se muestra como un chico rudo, indiferente a las emociones de los demás. Presume de ser el macho alfa de la manada, pero en el fondo es un corderito asustado. Ella es la única que conoce su talón de Aquiles, podría sacarlo del bar con tan solo una mirada.

Movía el pie al compás de la música, mientras hacía aros de humo con la boca. Al otro extremo de la sala, como un ángel negro, dispuesto a llevarlo lejos de la multitud se acercó lentamente, no lo había visto, pero él reconoció su risa. Ella guardó el celular en la cartera y un escalofrío recorrió su espalda descubierta, se detuvo y miró a su alrededor. En tan solo unos segundos sus miradas se encontraron, clavó sus ojos verdes sobre los de él, la música se detuvo y los recuerdos pasaron en cámara lenta.

Una bachata acompañó el momento incómodo, él se puso de pie y ella acomodó su cabello detrás de la oreja. No pronunciaron palabra alguna, ya se habían dicho de todo hace mucho tiempo. Tatiana deslizó su índice izquierdo sobre el rostro de quien algún día fue parte de su vida. Esa barba siempre le había quedado muy bien, pero lo mejor era obviar ese comentario.

Se acercó, lo besó en la mejilla, sonrió y dio media vuelta. Él la tomó de la muñeca y le susurró un “quédate”, ella volteó y preguntó “¿para qué?, si ya sabemos en qué va a terminar, es mejor así”. Se soltó y caminó rápidamente hasta la puerta. Él la siguió hasta la calle, la tomó de la cintura con fuerza y no la dejó ir.

Su aliento a alcohol la incomodaba, pero en el fondo le gustaba tenerlo a su disposición. Sus ojos destellaban de deseo y su boca la invitaba a recordar viejos tiempos. Pero ella no estaba segura de pasar por puertas entreabiertas porque ya conocía el desenlace.

Al no ver reacción alguna la soltó y le dijo: “si quieres irte, vete, siempre has hecho lo que has querido”. Sacó un cigarro del bolsillo, lo prendió y se sentó en el filo de la vereda. Por primera vez la había dejado sin un as bajo la manga.

El timbre del celular interrumpió el momento, Tatiana contestó con un frío “estoy afuera”. A los pocos segundos un auto llegó y la recogió. Diego la vio alejarse, tiró el cigarro a la pista y entró para seguir brindando.



2 comentarios:

Liz Katherine Arellano Rojas dijo...

Esta super interesante... debes continuar la historia... quiero saber que mas ocurreeee... uhhhh :)

Liz Katherine Arellano Rojas dijo...

Esta interesnte ... debes coninuar... uhhh