martes, enero 24 |

¿CASUALIDAD O DESTINO?



El despertador le recordó que era lunes por la mañana, tomó un baño con agua fría mientras recordaba su lista de pendientes, uno de ellos en particular la tenía tensa. En su agenda había resaltado: entrevista con Sebastián Lazarte, 9:00 am, sala 4”. Micaela no sabía con exactitud el enfoque del cuestionario, solo que se trataba de un estudio que el gerente general había programado.

 Llegó a su oficina, firmó algunos documentos y se dirigió a la sala de reuniones. A lo largo del camino imaginó el aspecto del consultor: un señor de 40 años, algo regordete, con lentes y bonachón. Sin embargo, la realidad le mostró otra fotografía, estaba frente a un joven de aspecto intelectual y muy atractivo. Se preguntó si sería buena idea bromear sobre lo pensaba para romper el hielo, pero eligió quedarse callada porque no quería que malinterprete su broma como un coqueteo.

Luego de una breve presentación, el profesional le dio algunas indicaciones antes de iniciar la entrevista. Micaela estaba un poco nerviosa, no sabía si era por las preguntas o por la mirada atenta detrás de esos anteojos. Conforme los minutos pasaban, se convencía que tenía unos lindos ojos color miel.

El interrogatorio se convirtió en una charla sobre las actividades que desempeñaba en la empresa, los problemas que ella había detectado durante su permanencia, entre otros indicadores que eran importantes para el estudio.

Después de una larga conversación, Micaela se percató que Sebastián no había tomado ni un sorbo de agua, se preguntó si prefería que fuera embotellada para estar más seguro que no era agua de caño, otra hipótesis podría ser que el vaso no estuviera limpio, lo revisó rápidamente pero no encontró problema alguno, y la última alternativa, que no le guste el agua.

Parecía ser un chico serio, con buen gusto para la lectura, de preferencias musicales no comerciales, aficionado a las películas independientes y amante del teatro. Podía continuar enumerando las posibles características de Sebastián, pero fue interrumpida por las preguntas de rutina de la entrevista.

Un par de horas más tarde, Sebastián apagó la grabadora y le agradeció el tiempo proporcionado, sin embargo, ella se quedó con muchas interrogantes, que esperaba algún día colocar sobre la mesa.

Mientras salía de la sala, pensó que una cafetería hubiera sido el mejor ambiente para una charla con un chico tan interesante, usar ropa casual y un café para aplacar un poco el frío. Frenó sus pensamientos y se dijo así misma: ¿Micaela estás pensando en una cita?, sonrió y bajó las escaleras porque tenía otra reunión.

Los meses transcurrieron sin saber el uno del otro. Muchos caminos se cruzan formando uno solo y luego se bifurcan con el tiempo, y es la casualidad o el destino, que los reencuentra. Micaela y Sebastián se encontraron un par de años más tarde, pero esta vez no fue dentro de una gélida oficina.

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