domingo, diciembre 8 |

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¿Casualidad o destino? Se pregunta sin encontrar respuesta, por más que intenta buscar una explicación, no
llega a una conclusión, ¿cómo paso?, es un misterio. Si le hubieran leído las cartas años atrás no lo hubiera creído, porque esas “cosas” solo se ven en las películas y los libros. La vida real es tan distinta y eso lo ha tenido claro; sin embargo una parte de ella esperaba una historia increíble, mágica, capaz de quebrar sus miedos y reconstruir la confianza.
Hace diez años, empezó un capítulo en su vida que dejó en puntos suspensivos. No imaginó que lunas más tarde, la inspiración se convertiría en la tinta para continuar un libro inconcluso. Líneas matizadas con emociones, sueños, sonrisas, miradas y abrazos, completaban las páginas de una historia con final en el horizonte.
Se conocieron por intermedio de una amiga. La primera vez que la vio usaba un pantalón blanco y un polo azul. El recuerdo de aquel momento quedó tatuado en la memoria del joven universitario; sin embargo, semanas más tarde un muro de indiferencia los dividía. Pese a intentar ganarse su amistad, ella parecía un bloque de hielo, ajena a las intenciones del chico. La figura se repitió en muchas ocasiones, y la pregunta era ¿por qué?
La muchacha se fue a estudiar lejos, sólo regresaba en periodo de vacaciones, pero una noche, la casualidad los puso frente a frente. Un esquivo “hola” se perdió entre la multitud y la música de una discoteca. La probabilidad de volverse a ver no era muy alta; sin embargo, quedaba una posibilidad lejana.
Después de aquella noche, sus vidas tomaron caminos distintos, ella al norte y él al sur. No supieron nada el uno del otro hasta muchos años después. La amiga en común que tenían, los volvió a contactar y desde ese día todo cambió para los dos.
Durante una semana las conversaciones que mantuvieron fueron virtuales porque los kilómetros nuevamente eran cómplices de la distancia. Risas nocturnas eran el aditivo para despertar de buen humor y comenzar con optimismo el día. Se respiraba una atmósfera acogedora y así como un perfume, cada momento vivido se impregnaba en su memoria.
¡Llegó el sábado!, se sentía algo nerviosa y no entendía por qué, tan solo se trataba de una salida inocente. Se miró por última vez al espejo, se acomodó el cabello y tomó sus llaves. Él la estaba esperando. Las horas que los separaban se redujeron a tan solo unos segundos. Estaban nuevamente frente a frente una noche de luna llena.
El reloj había perdido el control, avanzaba más rápido que de costumbre, ¿por qué?, algo pasó mientras conversaban. La química fue instantánea, los colores de un cubo mágico se acomodaron en su lugar en tan poco tiempo, y la pieza que faltaba en su rompecabezas encajó a la perfección.
Bailaron hasta casi el amanecer. Al salir de la discoteca, la imponente luna destellaba en el firmamento, y su reflejo distorsionado iluminaba el mar oscuro. Nada fue planeado, cada paso que daban era espontáneo y dejaba huella.
Las conversaciones se tornaban cada vez más extensas, los mensajes continuos y las llamadas nocturnas dibujaban una sonrisa en sus labios al terminar el día. En tan poco tiempo lograron establecer una conexión única que se fortaleció con el transcurso de las semanas. Y cuando parecía que un reencuentro se veía lejano, una cálida cena de noviembre puso sus caminos en paralelo.

Frases perfumadas de ternura le robaban una sonrisa quinceañera.
                “Sé que estás perdida en la profunda pasividad del sueño… donde espero encontrarte para     robarte una sonrisa que ilumine mi sentir y abrigarme a tu mirada para no despertar y        terminar              con esta bella ilusión”…
J.
                “A lo lejos en el horizonte los colores del cielo anunciaban que el día llegaba a su fin… la             tímida luna asomaba su silueta… sabiendo en su interior que esa noche en especial no        sería      quien más brille en el firmamento… de pronto aparecieron unos bellos ojos marrones             enmarcados en una hermosa mirada… la luna resignada contempla la encantadora sonrisa   de esa bella dama que a la noche iluminaba”…
J.
Las despedidas se hacían cada vez más largas y los sueños eran el único lugar donde podían encontrarse. En las noches de desvelo la inspiración pintaba de colores toda la habitación, y era imposible no imaginar historias y plasmarlas en una hoja de papel…


To be continue…

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