miércoles, abril 3 |

DIEZ AÑOS DESPUÉS



Una noche de invierno, la misma calle alborotada y los desconocidos de siempre. Tantos pensamientos desordenados en su cabeza. El tiempo y la distancia le pasaron factura hace algunos años, sin embargo ese jueves en particular se sentía ansiosa y no sabía por qué.

Llegó a la esquina, el semáforo cambió de color y cruzó la pista,  fue en ese momento cuando sus miradas se reconocieron, el frio acarició su cuerpo y todo quedó en silencio. Cuatro años se habían convertido en segundos de separación. 

Los recuerdos despertaron de aquel sueño. Nada había cambiado. Pasó por su lado, no dijeron nada, tampoco se detuvieron, continuaron caminando pero ninguno de los dos volteó (...).


***


Las hojas del calendario caen como hojas en otoño. Tres años después la coincidencia juega con ellos colocándolos en un escenario conocido, pero atados de manos y amordazados, solo dejando libres sus ojos, que siempre tienen algo que decir en completo silencio.

Las palabras perdieron su valor hace mucho tiempo, cuando la confianza murió en combate con la mentira. ¿Tristeza, soledad?, siempre han intentado ocultar ese extraño sentimiento que puede retroceder el reloj a su antojo.

¿Algún día serán sinceros? (...).


***


Vio pasar 24 lunas llenas sin esperar nada, hasta que el destino una mañana de primavera le recordó que el capítulo continuaba inconcluso. Él sonrió y ella lo saludó. Sus ojos brillaron y un abrazo quebró el miedo.

Adoraba ver el atardecer en sus ojos dorados y sentir la calidez de sus manos entrelazadas. El tiempo y la distancia son armas de doble filo, capaces de endurecer corazones y borrar momentos o de inmortalizar sentimientos.

¡No era un sueño!, él estaba ahí y la promesa de un reencuentro se selló con un beso. El sol estaba próximo a irse y ellos también (...).


***


Una llamada inesperada de un número desconocido, pero de una voz inconfundible pintó un arcoíris en una noche de verano. Después de 365 días se encontraban en el mismo lugar donde se conocieron. Él jugaba con su cabello y ella le acariciaba el rostro. Después de una década, coincidieron en lugar y tiempo (...).


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