jueves, enero 7 |

PACO

Es de tarde, camino por aquel viejo parque… ¡ese parque!... ¿cómo olvidarlo?... el aroma de las flores, aquella banca semipintada donde tantas veces me senté… o nos sentamos… bueno… igual es… la señora de la esquina, cada tarde salía a regar sus girasoles y geranios con unos ruleros muy graciosos en la cabeza, de esos que usaba la abuela para arreglarse el pelo antes de ir a misa.
El sol está muy intenso, deben ser las 3 de la tarde, aún no almuerzo, no tengo hambre… creo que he retrocedido algunos años… quizás tenga 17… Sí, ahí estoy yo… poniendo esas muecas que daban risa, agarrando la manguera y salpicando el agua sólo para hacerte enojar; aunque tú nunca te enojabas… nunca encontré la manera de sacarte de tus casillas; sí que eras muy complejo, eras como las ecuaciones diferenciales, donde me rompía la cabeza intentando hallar la respuesta a algún problema; creo que mi problema eras tú…
Tus ojos eran dos llamas de fuego cuando el sol se reflejaba en ellos… Luz incandescente que era imposible de apagar… pero que llenaba de calidez mi corazón… ¡qué tal suspiro!... sí que me hacías suspirar… Conversábamos de todo un poco… reíamos como dos locos… y soñábamos… eso me gustaba de ti.
¿Qué haces? Me pregunto… ¿por qué estás callado?... te veo taciturno… melancólico… el brillo de tus ojos se mantiene por la luz del sol, pero la tarde está cayendo y un color opaco se refleja en tus iris. Estas sentado en aquella banca, aunque ahora luce diferente… la han pintado creo… aunque eso no importa ahora… estas raro… eso lo noto desde que llegué; estás sentado con los codos en tus rodillas y tus manos en tus mejillas que ya no tienen ese color rosa que destacaba en tu rostro pálido luego de pasar largas horas bajo el sol.
Pareces un muerto… un pedazo de carne con actividad motora pero sin emociones… no eres el de antes… no eres Paco… ¿quién eres?... No eres ni la sombra de lo que era él… tampoco eres un alma en pena… yo diría que es un cuerpo buscado su alma en el cementerio de los recuerdos, de las promesas. Es extraño no hablar contigo a pesar que estamos relativamente cerca, pero creo que esto pasa por algo; y ahora me doy cuenta. Me ataste las manos y me amordazaste… sólo puedo verte y escuchar el eco de tu llanto silencioso.
El sol se va a ocultar… no sé cuantas horas estuve de pié… viéndote y recordando aquellas épocas… momentos inolvidables… pero de recuerdos no se vive… y tú creo no aprendiste esa lección. Esperas encontrar respuestas aquí… pero no las hallarás… debes buscar en tu interior… no volverá… Así como esperé encontrar muchas respuestas… sentada en esa banca que fue mi confidente y quien guardó mis secretos. Aquella banca que fue testigo de nuestra amistad, testigo de nuestro amor y testigo de nuestro peor error… Lo siento por ti… pero ella no regresará a menos que seas Paco… el chico de la mirada cálida y la sonrisa traviesa… ella se enamoró de él… no del frívolo indiferente que mató lo que sentía…
-¿Lo conoces?
Una voz interrumpió la secuencia concatenada de momentos que sucedieron en los últimos años… No importa… ya tenía que irme de todas formas.
-No… creí conocerlo, pero me equivoque.
Doy media vuelta y sigo mi camino… pero aún me pregunto ¿dónde está Paco?

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