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Mudanza de sentimientos

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Despertó temprano y cogió su maleta, sabía que no sería suficiente espacio para cinco años de relación. Tomó un taxi y fue a casa de Javier, para su buena suerte él no se encontraba, así que ordenó y guardó lo indispensable, a pesar de ser prendas livianas, las sentía tan pesadas en sus manos, cada una de ellas parecía recordarle una historia, una anécdota: como aquella mancha roja sobre su blusa que se hizo preparando pasta, o ese perfume Channel sobre el tocador, parecían ponerle “play” a los recuerdos. ¿En qué momento se desarmó el rompecabezas de “Nosotros”? era la pregunta que dejó suspendida en una sala que fue testigo de alegrías y tristezas. Probablemente no había una fecha exacta, y tampoco pensaba ahondar en el charco de los recuerdos, ¿para qué?, si la frase de Walter Risso lo resumía todo: “Cuando ya no te quieran, lo sabrás, aunque no te lo digan. Lo sentirás desde lo más profundo porque la indiferencia jamás pasa desapercibida”. Tenían un hijo, para quien Javier est...

Todos los caminos te llevan a Roma

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A millas de distancia un deseo se quedó sumergido en la Fontana di Trevi , donde dice la tradición que debes lanzar una moneda de espaldas y pedir un deseo antes que ésta llegue al agua para que se cumpla. Aquella tarde soleada de verano, Roma guardó su secreto. No importaba el charco atlántico que los separaba, porque en su corazón seguía ese incendio que el tiempo no pudo apagar. Y mientras tomaba una copa de vino en el Trastevere , sabía que no sería fácil quitar dos, de los tres puntos suspensivos de un capítulo, que cuando parecía terminar solo dejaba un to be continue al final de la página. Tenía su pasaje comprado, en un mes regresaría a la realidad y debía tomar una decisión. Estaba loca por Leo, enamorada como nunca antes lo había estado, ¿cómo pasó?, solo un día lo sintió, y desde aquel momento nada fue igual. Una noche se presentó con libros, chocolates y vino, una combinación adictiva para alguien que disfruta de las experiencias que deleitan sus sentidos. Él hizo de...

La chica de al lado, Parte III

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Una llamada inesperada le alegró el día, Diana, una vieja amiga de la universidad estaba de vacaciones en la ciudad y aprovecharía su estadía para verlo. -         ¡Feliz cumpleaños Thiago! -         Gracias Diana, si no es mi cumpleaños ni te acuerdas -         Sin dramas querido, siempre te envío luz y buenas vibras desde donde estoy. Te cuento que estaré en la ciudad por algunos días, así que cancela o posterga todo lo que tengas pendiente. Diana era arquitecta, pero en sus ratos libres leía el tarot, sus amigos decían que era muy acertada, y la visita le cayó como anillo al dedo a Santiago. Ella podría despejar la nebulosa que tenía desde que conoció a Valeria. Las cartas estaban sobre la mesa y la expresión en el rostro de Diana cambió, dejó a un lado las bromas, miró por algunos segundos el tarot y luego clavó su mirada en los ojos de Santiago, no necesitó que él le c...

La chica de al lado, Parte II

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Recuerdo aquella tarde que regresaba del supermercado y la vi sentada en la escalera, la pude identificar por el tatuaje de enredadera en su pierna. Me acerqué a saludarla, ella amablemente me respondió con un tono impaciente e incómodo. Me comentó que olvidó sus llaves en el departamento y esperaba la llegada del cerrajero, le ofrecí mi sala para que sienta más cómoda, pero ella prefirió quedarse esperando fuera. Hasta enojada se veía preciosa, fruncía el ceño y hacía una mueca con los labios, conseguía hacerme sonreír con tan solo recordarla. Desde que la vi no se me quitó la idea de conocerla de algún lado. Es la primera vez que sentía una conexión tan fuerte con una desconocida y no tenía nada que ver con su físico, era una joven muy atractiva pero no era el imán que me atraía, era algo más, algo que aún no podía descifrar. Mientras cocinaba y veía Shark Tank sonó el timbre, me pareció extraño porque no me habían llamado de recepción. Y grande fue mi sorpresa cuando la vi sonr...

La chica de al lado, Parte I

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Un  aroma a rosas se percibía en el ascensor, era un perfume que acariciaba los sentidos, te suspendía por algunos segundos y podía transportarte lejos de esta ciudad caótica que día a día se ensañaba con uno. El recorrido del perfume terminaba en el piso 10, al lado de mi departamento, al parecer el silencio se iba de vacaciones. La noche cayó sin darme cuenta, prendí las luces de la sala, abrí la refrigeradora y solo tenía dos panes y una manzana, nada atractivo para mi gusto, así que pedí una pizza por delivery, y este fue el punto de partida donde mi camino y el de Valeria se cruzaron. Después de más de una hora de espera, llamaron de recepción para recibir el pedido, cogí rápidamente las llaves y bajé, el ascensor estaba a punto de cerrarse y una joven entró a las justas. Me sonrió dándome las gracias mientras hablaba por celular, al parecer se le había hecho tarde y la estaban esperando. El tiempo que tomó en llegar al primer piso transcurrió en cámara lenta, ella ...

Tan lejos y tan cerca a la vez

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De regreso por una calle desierta, acompañada solo por la luz de la luna llena, me preguntaba ¿hasta cuándo estaremos en la espera de alguna vacuna para protegernos del Covid19?, una pandemia que arrasa como pólvora a su paso con todo aquello que se cruzaba en su camino. Quien diría que el asma sería mi pase VIP para trabajar desde casa. No me emocionaba la idea de un encierro involuntario, pero no tenía opción. Llegar al departamento y encontrar las luces apagadas me recordaba la realidad, el aroma a soledad invadió cada rincón. Me pregunté en qué momento todo cambió, cuándo se acabó la conexión, cuándo nos convertimos en dos extraños sentados en el sofá, cada uno encapsulado en su mundo. Las risas frente a una pantalla del celular eran más frecuentes y el distanciamiento social del que tanto se hablaba, no era difícil entre nosotros, no solo por nuestra ubicación a cada extremo del mueble, sino por la distancia emocional cada vez más abismal. Tiré las llaves sobre la mesa y dejé...

Página en blanco

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El silencio parece ser la mejor compañía cuando la inspiración entra en paro, mi electrocardiograma emocional es una línea recta y un electroshock de sensaciones no parece hacer efecto. Desde hace años pensé que el tiempo era mi peor enemigo, el freno que me impedía escribir con la frecuencia que solía hacerlo en mi adolescencia y parte de mi juventud, pero hoy me doy cuenta que estaba equivocada. Podía escribir en una servilleta o una boleta de compra en cualquier lugar y momento, no necesitaba de un espacio con todas las comodidades para hacerlo, solo sentía como cada parte de mi ser brillaba y se emocionaba con cada palabra que plasmaba en un lienzo, cualquiera éste fuera. Ahora al ver una página en blanco me asusta, me preocupa no saber que escribir, no sé si son mis filtros mentales que impiden que las palabras simplemente fluyan y que mis personajes mentales por fin tengan protagonismo en una historia, que sean ellos mismos sin prejuicios ni tabúes. Reviso relatos pasados y...