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AQUÍ... ALLÁ...

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Él: Ausente presencia que embriagas mi lucidez una vez más, mientras me deleitas con la sinfonía de volátiles palabras, que el céfiro de la realidad se encargará de desvanecer… Ella: Interminables recuerdos danzan en mi cabeza y me extienden la mano para acompañarlos con una pieza, y a estas alturas del camino solo bailaremos el vals de los mejores momentos… Él: Observaré el calendario para recordar la fecha que puso punto final a un capítulo inconcluso, y lo mejor será ignorar al reloj que nos mira impaciente… Ella: No te pido una sonrisa, mis ojos ya han fotografiado la casual curvatura en tus labios, para inmortalizarla y llevarla conmigo en este largo viaje… Él: Aún no te has ido, y ya te extraño hasta dolerme el pecho… Ella: Tengo tanto que decir y las palabras naufragan en la lucha contra las olas del tiempo… Él: Tomemos la última copa de vino y cuando termines no hagas ruido al cerrar la puerta… aléjate en silencio para que no arruines esta noche perfecta... Un último favor… aca...

PESADILLA

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Estaba muy cansada, los párpados me pesaban, ya no distinguía las figuras en el televisor y las voces eran cada vez más lejanas, así que apagué las luces, desconecté la TV y me dispuse a dormir porque me esperaba un día largo y tenía que aprovechar las pocas horas que quedaban para descansar. No sé cuánto tiempo paso pero comencé a sentir frío, así que tomé mi sábana y me tapé hasta el cuello. Pese a tener los ojos cerrados podía ver con claridad mi habitación y todo lo que había en ella, esto me confundió un poco porque me sentía en el límite de lo real y lo imaginario. Minutos o segundos más tarde, no lo sé… algo jaló con furia mi sábana. Me asusté pero luché contra esa fuerza extraña que no se materializaba. De repente una presencia a mi derecha me obligaba a voltear y verla, yo me resistía a hacerlo, sólo de reojo pude ver que se trataba de una silueta negra, era como una sombra que tenía fuerza sobre mi cuerpo, no me tocaba pero yo sabía que me enfrentaba a algo desconocido. Inten...

POLILLAS REVOLOTEANDO EN MI BARRIGA

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Te pregunté el por qué y no supiste qué responder, solo te escudaste tras las ramas de frases adornadas con palabras que ahora son hojas secas que el otoño se llevará. ¿Cómo olvidarte si fuiste la luz que el hielo de mi corazón necesitaba para nuevamente ver el arcoíris?, pero el verano se fue y el invierno se encargó de apagar ese rayo de luz, quedando los recuerdos como fotografías en blanco y negro. Ojalá fuera tan fácil como tomar un borrador y desaparecer cualquier marca de lápiz, pero escribiste con un vidrio todo lo vivido sobre mi piel. Te extraño y me cuesta admitirlo, ¿qué hago?, si en cada verso de poesía las palabras riman con tu nombre y cada dibujo está pintado con el sepia de tus ojos. Me pregunto ¿cuánto tiempo tendrá que transcurrir para que no sienta que el corazón se me sale del pecho al escuchar tu voz por teléfono?, ¿algún día miraré el cielo y dejaré de sonreír al recordar lo torpe e inteligente que eres?, ¿será posible que por las noches deje de mirar a través de...

LA DESPEDIDA

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Pantalón verde, polo celeste, zapatos negros, caminaba aquel chico por el segundo piso de su facultad, llevando un folder con algunas hojas de la clase pasada y un lapicero. Siempre con una expresión de indiferencia, a veces la gente dudaba si saludarlo o pasar de frente ya que una respuesta de él era incierta. Todos los días a las ocho y media de la mañana llegaba a su aula, tocaba la puerta e ingresaba, no le importaba llegar treinta minutos tarde porque era el favorito del profesor. Por otro lado, para ella, la puntualidad era una prioridad en su vida, de lunes a viernes su despertador era lo que más odiaba por las mañanas. Usaba solo unos jeans azules, zapatillas negras, un polo blanco y casaca azul para el frío que acompañaba al invierno que no quería despedirse. No era de las chicas que usaban tacones, no era su estilo. Llegando al laboratorio sacaba su guardapolvo porque era indispensable en cada clase de química. El sol al medio día era insoportable, pero se acoplaba a las conv...

EL ÚLTIMO SAN VALENTÍN

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Gino miraba la pantalla de su laptop y por su cabeza transitaban las únicas dos decisiones detenidas frente a la luz roja de lo incierto. Tenía el dinero y solo bastaba dar un clic y comprar el pasaje. Miró el calendario y su mochila, se preguntó a sí mismo - ¿qué hago? -. No sabía si era el momento de tomar el avión que disminuiría la distancia entre el lugar que lo albergó por un año y el lugar donde su corazón anhelaba estar. Después de algunas horas de viaje, la aeromoza anunciaba la llegada a Lima, Gino guardó su Ipod y esperó que el avión aterrizara. Las ventanas estaban empapadas por la intensa lluvia y el cielo nublado le daba una fría bienvenida. Él sonrió. Llegó al hotel y tomó un baño. Miró a través de la cortina la luna llena que iluminaba el interior de su habitación. Cogió el celular y marcó el número que recordaba de memoria, timbró por algunos segundos y la contestadora le pidió que deje su mensaje, él colgó y se recostó sobre la cama. Sacó de su mochila una pequeña caj...

TUS VIEJAS CARTAS

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Jugaba con el manojo de llaves mientras miraba el reloj en la muñeca izquierda, por su cabeza incontables recuerdos transitaban en la calle del pasado, los cuales se detenían con la luz roja del presente. Ella sabía que podía bajarse en la esquina y tomar el bus en la calle del frente que la dejaría a unas cuadras de su casa pero ese “algo” la incentivaba a esperar y llegar hasta el final. Unas cuantas personas quedaban sentadas, algunas leían, otras conversaban por celular y un anciano cabeceaba, por su parte, ella trataba de alejar el eco de los recuerdos mientras miraba, a través de la ventana empapada de lluvia, a las pocas personas que caminaban por la vía pública, quienes se cubrían con paraguas mientras cerraban sus establecimientos de trabajo. Faltando pocos minutos para llegar sintió aquella sensación de vacío en el estómago, tragó saliva y se acomodó el cabello. Bajó del bus y caminó algunas cuadras teniendo como única acompañante a la lluvia. Se detuvo y contempló por alguno...

SOLO ÉL

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Corres desesperado, todo a tu alrededor parece desenfocado, el piso se mueve y el frío recorre tu cuerpo, solo escuchas tu respiración entrecortada y sientes el palpitar del corazón acelerado, tu boca está seca. Continúas sin rumbo por un pasadizo que has visto tantas veces que hasta has perdido la cuenta. Al frente tuyo, el camino en perspectiva, puertas por ambos lados pero ninguna señal de una luz que indique el final de lo que para ti es un túnel, solo unas pequeñas luces tenues alumbran una que otra puerta cerrada con candado. Las ventanas son muros de concreto que disfrutan oscurecer el rumbo incierto que llevas, has desistido y las fuerzas te han vencido, ahora solo caminas con la cabeza gacha, dejándote guiar por tus pies Las voces te persiguen, por más que intentes alejarte, son parte de ti, no estás loco y lo sabes muy bien, pero lo quisieras estar, ahora más que nunca sabes que estás vivo porque el dolor es insoportable, lo sientes en cada parte de tu cuerpo, tanto así que p...